¡Queridos hijos e hijas del planeta Tierra! ¡SOY SANANDA!
Espero que cada uno de ustedes, en este momento, esté siguiendo los ejercicios que hemos propuesto, para que puedan ir perdiendo algunos hábitos, algunos procesos, que no los llevan a caminos muy elevados.
Hijos e hijas míos, su mundo está convulso; sí. Hay guerras. No nos pregunten: ¿por qué no hacemos nada? La decisión es humana. No podemos intervenir en el libre albedrío de la humanidad. Es necesario que el amor en los corazones sea lo suficientemente fuerte como para revertir todo este proceso.
Ya hemos dicho innumerables veces que cuanto más se siembra el caos, cuanto más se alimenta el dolor y el miedo, más fuerza cobran. Y todo eso solo se propaga. Es necesario que cada uno, consciente de su propia elevación, se mantenga en su perspectiva de iluminación. Sin dejarse involucrar por lo que sucede en el mundo exterior.
Como hemos dicho: cada uno está donde ha elegido estar. Cada uno está para pasar por lo que necesita pasar. Muchos se están yendo, por elección propia de sus almas. Y están siendo recibidos con mucho amor. Y formarán parte del gran contingente de Luz, que sigue creándose alrededor de este planeta.
Aquellos que no vibran con la Luz también están siendo acogidos. Y todos están recibiendo el trato necesario correspondiente a sus caminos.
No lo olviden: las elecciones ya se hicieron hace tiempo. Solo estamos cumpliendo cada elección del alma. Pero es necesario que busquen mantener la cantidad de Luz y Amor en este planeta como algo prioritario en sus vidas.
No olviden que, aunque la guerra esté muy lejos, nos afecta a todos. La energía se propaga. Los conflictos se generalizan. Así que no ignoren lo que ocurre ahí fuera. ¿Qué medidas hay que tomar? Irradiar amor, mucho amor.
Entonces, el gran ejercicio de hoy, de estos próximos siete días, será que elijan a aquellos a quienes critican, juzgan, maldicen; mírenlos y emitan Amor, emitan Luz. Y no, no me digan que no pueden. ¿En manos de quién está el poder? ¿De quién está al otro lado o en ustedes?
Tú lo puedes todo. Tienes el poder de hacer lo que quieras. Entonces lo conseguirás con toda seguridad.
Este es el ejercicio. No basta con pensar en la persona. Es necesario tener una foto, una imagen, del ser al que estás emanando amor. Y busquen a ese ser al que más temen, odian o critican; no importa. Es un ser que no soportan. Y será a ese ser al que emanará Amor.
Y muchos pueden preguntarme: «Pero, ¿cómo voy a emanar amor hacia este ser al que tanto odio?». Mira a este ser y ve que es un hermano. Un hermano que ha elegido caminos no iluminados, pero es un hermano. Entonces, emana amor como si fuera un hermano de carne y hueso. Llena tu pecho de luz, de amor, y lanza toda esa energía sobre él, constantemente, durante unos minutos.
No es necesario que lo hagas durante horas y horas. Lo importante es que, cada vez que te acuerdes de él, mires la imagen y emanes Amor. Ilumina a ese ser. Vístelo de Luz. Envuélvelo en una burbuja de Luz Rosa llena de amor.
Esto debe hacerse varias veces al día. Cada vez que se acuerden de alguien que no les gusta. “Ah, pero no tengo la imagen, no tengo la foto”. Entonces, solo en estos casos, podrán simplemente pensar en ese hermano, en esa hermana. De lo contrario, tengan siempre a mano la foto, la imagen, para que esa Luz y ese Amor que están emanando lleguen efectivamente a ese ser.
El tratamiento de hoy será el siguiente: Busquen la Presencia Divina. Estén en la Presencia Divina. Aquellos que aún no puedan, hagan lo posible por lograrlo. El tratamiento será el siguiente: Permanecer en la Presencia Divina durante un minuto, o durante el tiempo que deseen. Dejen que ella les traiga paz y amor a su corazón.
Ya no podemos aceptar que los hijos de este planeta no se conecten con su esencia divina. Ha llegado el momento; es necesario y prioritario. Busquen la Presencia Divina y dejen que actúe durante al menos un minuto, cada vez que lo recuerden. Estas son las orientaciones que les dejo hoy. Sigan con el corazón, hijos e hijas míos, y verán la diferencia.
Traducción:Rita Silvana Monteiro.
Revisión: Regiani Maria Bugalho



