¡Queridos hermanos del planeta Tierra! ¡YO SOY HILARION!
Siempre podemos traer conocimiento y sabiduría a todos ustedes. Pero es necesario que cada corazón esté abierto para recibir lo que tenemos que ofrecer. No basta con que simplemente escuchen cada palabra, cada enseñanza que traemos. Es necesario que la energía que acompaña a cada enseñanza sea absorbida y comprendida por su mente. De nada sirve que solo reciban sin darse cuenta.
Es como en un aula. Se expone la materia y ustedes solo copian, como una máquina. No escuchan ni una palabra de lo que el profesor ha dicho y explicado sobre el tema. Usted solo copia. No interactúa, no se abre para recibir esa enseñanza. Más adelante, se le exige que domine ese contenido de la materia. Y a menudo culpa al propio profesor de no explicar bien, de no transmitir la materia correctamente. Pero quien estaba ausente en el momento en que él presentó el tema, era usted.
Muchos de ustedes nos preguntan: «¿Por qué hacen tanto y no ven ningún resultado?». En primer lugar, no es a nosotros a quienes deben preguntar. Es necesario que hagan un análisis de ustedes mismos. Ustedes emanan las energías de lo que desean. Y también son ustedes quienes determinan la forma en que ellas se manifiestan.
Son ustedes quienes viven el día a día. Son ustedes quienes generan las energías que reciben, no nosotros. Así que no nos pregunten «por qué». Pregúntese a sí mismos. ¿En qué clase se limitaron a copiar el temario y no prestaron atención? ¿Qué tema no les interesó profundizar para aprender? ¿Y quieren obtener resultados?
La recompensa es vuestro aprendizaje. ¿Y cómo viven lo que han aprendido? ¿Evitando todo aquello que os orientamos? ¿Cambiando sus hábitos, sus pensamientos, las palabras que dicen, los gestos? Así es como ocurre el aprendizaje.
Pero muchos no quieren saber nada de eso. Escuchan, les parece interesante y, al cabo de un minuto, ya han olvidado lo que oyeron. ¿Y por qué? Porque lo escucharon con la mente. No lo escucharon con el corazón. Y otro punto importante: no basen sus propios caminos en los caminos de los demás. Cada uno tiene el suyo. Cada uno tiene una razón para vivir cada momento, para sentir esa alegría, para obtener esa recompensa. No envidies la vida de los demás. Cambia la tuya. Si el otro ha conseguido algo, es porque ha actuado correctamente; y se lo ha ganado. ¿Qué haces tú? Nada. Solo envidias.
Por eso es necesario, hermanos míos, que ustedes dejen de verse a sí mismos como eternos desdichados, porque no lo son. Cada uno vive el resultado de sus propias acciones, de esta vida o de otras; eso no importa. Pero que cada situación vivida sirva de lección, para que no se repita.
¿Quieres cambiar tu vida? Cámbiate a ti mismo, por dentro. No culpes a los demás. No supliques a Dios Padre/Madre una solución. La solución está en ti. Nosotros no hacemos milagros. Los milagros los hacen ustedes, no nosotros. Presten atención a esto.
El tratamiento que traigo hoy es muy sencillo… Y además, es otro punto importante. No pongan la curación únicamente en manos de las técnicas o de las energías. Es necesario que crean en lo que hacen. Es necesario que sepan cómo avanzar. Y sí, obtendrán la curación.
Así que para hoy les dejo lo siguiente: cojan un vaso con agua. Dibujen, no importa cómo lo hagan, un círculo pintado de verde. Cada uno lo hará a su manera. Tiene que ser de color verde. Puedes coger un papel que ya sea verde, no pasa nada. Dibujen un círculo, pequeño, porque van a poner el vaso con agua encima de este círculo.
«Ah, pero este círculo no es nada. ¡Ahí no hay energía!»
Espera. Aún no he terminado.
Entonces, coloquen el círculo de color verde y el vaso con agua encima, un vaso normal, agua normal, nada especial. Pueden tapar el vaso con una servilleta, con algo; no lo dejen al descubierto, y digan lo siguiente:
«¡Maestro Hilarion! Que esta agua traiga el equilibrio y la luz a mi cuerpo».
Eso es todo. Ustedes pueden prepararlo por la mañana y tomarlo por la noche, antes de acostarse. No es al revés. No se trata de prepararlo por la noche y tomarlo por la mañana. Se trata de prepararlo por la mañana y tomarlo por la noche. Y fíjense cómo serán sus noches.
Traducción: Manuel Vargas
Revisión: Regiani Maria Bugalho



