¡Queridos hermanos del planeta Tierra! ¡YO SOY MARÍA MAGDALENA!
Todos estáis viviendo momentos intensos, a veces de alegría, otras veces no. Pero lo más importante en este momento es observar. Es como estar sentado en lo alto de un gran faro, con una amplia visión, y mirando todo; si es posible, incluso con una lente, para poder observar en detalle cada momento.
No interpretéis esto como que debéis desplazaros a un faro para mirar. Es una forma figurada de deciros a todos que este es un momento de observación. Y se trata de tener una observación amplia, pero al mismo tiempo minuciosa.
Hay que observar cada sentimiento, cada palabra, cada pensamiento vivido, en el momento. No es después, no es mañana. No es dejarlo pasar. Es preguntarse en todo momento: ¿Por qué sentí eso? ¿Por qué pensé eso? ¿Por qué reaccioné de esa manera?». No es preguntárselo al otro. Es preguntarse a uno mismo, a la propia conciencia. Y en este momento estoy hablando de la conciencia humana, no de la Presencia Divina.
¿Entienden que aún viven en la Tierra? ¿Viven en una dimensión densa? Entonces las conciencias son las responsables de todos los pensamientos, palabras y acciones. Así que hay que preguntarse a uno mismo, a la propia conciencia humana, el porqué. ¿Qué te llevó a tener ese pensamiento, a pronunciar esa palabra o a actuar de esa manera?
Y no lo veáis como un ejercicio de castigo, ni como un ejercicio de juicio. Se trata de un ejercicio de aprendizaje y evolución. Porque cuando eres consciente del hecho y logras analizarlo, aprendes, o no. Porque muchas veces sabéis que estáis equivocados, pero… «Ah, es un pequeño error. No me va a causar ningún daño». Por desgracia, no es así como funciona. Cada pequeño paso en falso tiene consecuencias.
Por eso es un momento de observación, aprendizaje y comprensión y, sobre todo, de tomar nuevas decisiones. Seguir un camino diferente o continuar por ese, pensando que no habrá vuelta atrás.
Todo lo que os rodea os aleja de este momento de observación. Las distracciones son muchas, las tentaciones son intensas. Pero cada momento debe vivirse intensamente, con observación. Creedme, no es un proceso fácil. Para muchos es incluso agotador, aburrido, molesto. Pero os hago una pregunta. La evolución no abarca lo que vivís en esta dimensión. Ustedes elegisteis vivir todo esto. Y para ello bajasteis las vibraciones. ¿Ahora queréis salir de esto en el mismo nivel? No es posible.
Hay que cambiar. Hay que estar en otra vibración. Hay que aprender a vivir en la Luz. Y aquí no estamos hablando de perfección, de querer que ustedes, en un chasquido de dedos, os convirtáis en seres evolucionados. Es un camino. Por eso lo llamamos camino. Porque es paso a paso. Nadie llega a otro punto lejano de un salto. Son pasos. Son trayectorias recorridas, sea como sea.
Puedes elegir: ir a pie, en coche, en avión; pero no puedes teletransportarte a otro lugar lejano al que quieras ir. Es necesario el desplazamiento. Así que hablemos aquí paso a paso. Y os digo que nadie completará el camino exigido originalmente para estar en la Quinta Dimensión. Pero podemos decir que habrá un… un punto en el camino que os permitirá penetrar y pasar por algunos aprendizajes y pruebas, para que podáis afirmar efectivamente: «¡Estamos en la Quinta Dimensión!».
Así pues, hermanos míos, es paso a paso. No queráis dar un paso más grande de lo que podéis. Es necesario tener una base sólida, concreta, para construir el camino; para que se pueda dar un nuevo paso. No construyamos puentes peligrosos. Construid caminos muchas veces más largos, pero más seguros. Porque así tendréis la certeza de que llegaréis al otro lado.
No se arriesguen. No paguen por ver qué pasa. Cada momento es crucial para ustedes. Cada momento perdido se echará en falta más adelante. Por eso hay que esforzarse, hacerlo con el corazón, con Amor. Y los pasos se acelerarán automáticamente. Y podrán recuperar el camino que no construyeron. Pero se necesita esfuerzo. Se necesita voluntad. Y, sobre todo, hay que observar para saber realmente qué camino se está creando.
Para el reto de esta semana, os propongo lo siguiente. Al final de cada día, escribiréis todas vuestras observaciones. No es durante el día. Es al final del día. ¿Y por qué al final del día? Porque si realmente habéis observado, lo recordaréis. Porque si al llegar al final del día no recordáis nada, es que no habéis observado. No es un reto fácil, pero intentadlo. Será un gran ejercicio.
Y para ayudaros en este ejercicio, os pido lo siguiente: en cada momento… Y que esto se aplique, no solo durante unos días, sino de ahora en adelante. Con cada nueva tarea, con cada nuevo comienzo de algo, deténganse. Y en ese momento pregunten: «Mi Presencia Divina, ¿está iluminado lo que voy a hacer ahora?». Y escuchen la respuesta. Aprendan esto. Y no se arrepentirán.
Traducción Bernadete Maria Marafon
Revisión: Regiani Maria Bugalho


