Bueno, ahora vamos a recibir a otra invitada, y ella quiere traer un pequeño regalo para cada uno de ustedes.
Así que voy a aprovechar para explicaros algo antes de que ella llegue, y entenderéis por qué os lo explico.
Dios Padre/Madre crea las Mónadas; las Mónadas son fragmentos de Dios Padre/Madre. Dios Padre/Madre se despliega y crea una Mónada con un propósito. Cada Mónada tiene el suyo, muy bien.
La Mónada se despliega en Yos Superiores, varios Yos Superiores, o como ustedes lo conocen, varias almas. Muy bien.
Dado que el Yo Superior es un ser elevado de la Quinta Dimensión, no puede vivir aquí en la Tercera Dimensión, por lo que, cuando se produjo la caída de la conciencia, se dividió en fragmentos, llamados fractales, y cada uno de vosotros es un fractal del Yo Superior. Muy bien.
Cada fractal puede vivir un tiempo, en una época, evolucionar y volver a ser un fractal de nuevo, así que no hay ninguna regla. Uno de los fractales puede evolucionar y convertirse en un ser evolucionado de la Quinta, Sexta, Séptima, Octava o Novena Dimensión —no importa cuál— y otros fractales pueden seguir aquí en la Tierra, en la Tercera Dimensión; cada uno es una parte diferente de ese Yo Superior. Uno ya ha evolucionado, el otro se ha quedado y también está evolucionando.
Así que entendedlo, porque a menudo aparece un ser del que sabéis que es la evolución de otro, y los dos se presentan. «Ah, ¿pero es que no ha evolucionado?» Sí que ha evolucionado, pero ha vuelto como fractal, otra vez.
Así que os voy a explicar lo de María Magdalena y Nada.
Nada ha evolucionado, María Magdalena ha regresado como un fractal de Nada. ¿Lo entendéis? Esto no es una regla. No es que, ah, haya evolucionado, se haya convertido en el otro y haya terminado aquí. No, este es un concepto demasiado complejo para que lo entendáis en este momento, así que resulta más fácil decir que la Nada y María Magdalena forman parte de la misma Mónada; es más fácil de entender para ustedes, porque ella evolucionó como la Nada, pero volvió a ser María Magdalena de nuevo. ¿Lo entendéis?
Y del mismo modo, veréis a muchos otros seres.
Podéis escuchar, por ejemplo, a Merlín, cuando se le canaliza, y también a Saint Germain. Uno no anula al otro, son manifestaciones del Yo Superior.
Supongo que os resulta complicado de entender, pero eso no viene al caso.
María Magdalena ya no pertenece a la Tercera Dimensión, obviamente no; ella también ha evolucionado, continúa su camino como María Magdalena y Nada, y ya se encuentra mucho más arriba.
Así que eso es todo. ¿Os he liado un poco la cabeza?
Pues genial, qué bien.
No lo encasillen todo en categorías; en el Universo todo es posible.
Al igual que ustedes, por así decirlo, mañana podrían evolucionar a la Quinta y su Yo Superior podría considerar que ese fractal que ha evolucionado tiene que volver a la Tercera, de nuevo, como otro fractal. Todo es posible, todo es posible.
Así pues, cada uno tiene su propio camino; no importan los nombres, no importa quién es quién, quién se ha transformado en quién; no existe la transformación, existe la evolución de un fractal, que también puede volver y reencarnarse de nuevo, nada lo impide, y viene con otro nombre, y así continúa la secuencia.
«Ah, uno se ha convertido en el otro». Pues no es exactamente así, no es tan tajante como lo entendéis. Todo es posible, lo que importa es la conciencia.
Bueno, voy a poner otro ejemplo.
Cuando ella canaliza a Dios Padre/Madre, es una parte infinitesimal de Su conciencia. Ni siquiera diría cuál es su tamaño, porque es muy pequeña, y es una conciencia. Al mismo tiempo, otros canales pueden estar canalizando la misma conciencia.
Por lo tanto, esa separación que veis no existe. Todo es conciencia; igual que yo estoy aquí, estoy hablando a través de muchos otros canales, en este mismo momento, en otro idioma, sobre otros temas, porque se trata de una conciencia, no de un ser físico como vosotros. Ustedes son seres físicos, ocupan un espacio, y nadie más es igual a ustedes. Nosotros no; nosotros somos conciencias y, como conciencias, estamos en cualquier lugar, nos multiplicamos cuando es necesario y la conciencia es la misma.
Es complicado, pero algún día lo entenderán.
Así pues, estoy muy agradecido a todos los que habéis venido aquí hoy, agradecido por colaborar en la evolución del planeta, porque estos momentos aquí, hoy, han traído más Luz al planeta, porque hay una inmensa egrégora de Seres de Luz aquí arriba, emanando mucha Luz por todo el planeta.
Así pues, ustedes han hecho que esto suceda, no hemos sido nosotros, han sido ustedes quienes han elegido estar aquí. Por eso, estoy agradecida por el planeta y también por todos ustedes, por haber escuchado la llamada y estar aquí hoy. Gracias.
«Queridos hermanos, soy María Magdalena».
Me alegra mucho poder estar aquí hoy, y quiero dejaros a cada uno un pequeño regalo.
Así que os pido que, ahora, cerréis los ojos y os imaginéis sentados bajo un gran árbol, sobre una hierba muy suave, con muchos pájaros cantando y una brisa muy suave acariciándoos la cara.
Y, en ese momento, se acerca un animalito. No importa cuál sea, cada uno de ustedes verá un animal; puede ser un conejo, un perro, un gato, un osezno, un panda, un cachorro de león… Será un animalito y, como tal, muchos de ellos pueden ser crías.
Que cada uno vea o imagine un animalito, un animalito delante de sí, en su regazo.
Acaricia a este animal, siente su calor en tu pecho. Él también se acurruca suavemente contra tu pecho, y siente todo tu amor por él.
Siente, siente la energía que te está transmitiendo en este momento.
Siente la frescura de esta hierba, el canto de los pájaros, las hojas cayendo de los árboles, y a ti allí, sentado, acariciando a tu animal.
En este momento, se transforma en una preciosa flor roja, una rosa, y esta rosa descansa sobre tu corazón como si fuera el animal. Siente la energía que te transmite a tu corazón.
Esta rosa es mi regalo.
Besa la rosa, siente cada pétalo en tus manos.
Y la guardarás en este árbol. Así que levántate y coloca esta rosa en alguna de las ramas del árbol. No, no se caerá, porque el árbol la mantendrá ahí.
Así que, cada vez que te sientas perdido, triste, irritado o en cualquier estado de desequilibrio, acércate a este prado, mira el árbol, coge tu rosa y siéntate con ella en tu corazón, y quédate ahí, sentado, acariciando la rosa; y, sin duda, yo estaré a tu lado, velando por ti y calmando tu corazón.
Cuando te sientas más tranquilo, vuelve a colocar la rosa en el árbol y simplemente retoma tu día a día.
Este es nuestro rinconcito, tu rinconcito de equilibrio y de mucho amor.
Este regalo que os dejo a cada uno de ustedes, y tengan por seguro que mi amor por cada uno de ustedes es inmenso. No hay juicio alguno, eres un Ser de Luz.
Mira tu camino como una carretera larga y florida, y cuando ya no puedas ver la carretera, sigue creándola, larga y florida; así creas tu futuro, que no existe, pero tú lo creas, hoy, cada vez que miras tu carretera, cada vez que miras tu camino. Y no te olvides de poner ese sol brillante, dorado e inmenso en el horizonte; es hacia allí hacia donde te diriges. Puede que parezca muy lejano, pero es allí donde llegarás, tenlo por seguro: estás caminando hacia la Luz.
Os dejo a cada uno de ustedes, ahora, con todo mi Amor.
Que cada uno se sienta agradecido por todo lo que ha recibido aquí hoy. Han sido muchas energías; procurad no contaminarlas; hoy, además, comed ligero, no contaminéis sus cuerpos con bebidas, disfrutad de todo lo que habéis recibido, tomad zumo, agua, comed de forma equilibrada y permitid que las energías ancladas aquí hoy permanezcan en ustedes hasta mañana.
Que la noche sea tranquila y llena de buenos sueños.
Podéis volver a la conciencia poco a poco, abrid los ojos y marchaos, cada uno a su casa, con mucha Luz y mucho Amor, y con esto damos por concluido este encuentro de almas y de Luz.
Y que cada uno guarde en su corazón y en su mente todas las enseñanzas recibidas aquí hoy.
Y sed Luz, mucha Luz».
Traducción: Ana Maria Souza
Revisión: Regiane M. Bugalho

