Encuentro en Natal/RN – ARCÁNGEL MIGUEL y GNOMO DEL AMAZONAS – 15-08-26

Sí, hermanos míos, soy el arcángel Miguel, hablando de nuevo.

La alegría es importante. La alegría es un sentimiento contagioso y, lo más importante, eleva la energía.

Manteneos siempre alegres, hermanos míos. Si algo os molesta, buscad algo que os haga reír, buscad algo que os alegre; darle vueltas a los problemas y a los pensamientos negativos no lleva a nada.

Así que intentad estar alegres en todo momento, buscad aquello que os haga sonreír y ser felices, y no importa lo que piensen los demás. Si te gusta poner música y bailar hasta cansarte, ¿por qué te va a molestar que haya alguien mirando y riéndose?

Piénsalo así: si se está enfadando, es porque todavía no es capaz de hacer lo que tú haces, de permitirse ser feliz. Así que míralo e ignóralo, porque no se merece tu atención.

Así es, hermanos míos, como debéis vivir: haciendo caso omiso de las críticas, de las palabras hirientes, de las palabras que ofenden; aquellos que critican y maldicen a cada uno de ustedes, no están preparados.

No alimentéis el ego, pero tampoco os creáis muy superiores, porque ustedes ya habéis evolucionado, y ellos están ahí abajo, luchando consigo mismos para no permitirse, como decís ustedes, ceder y aceptar lo que se les dice; es una lucha entre ellos y ellos mismos, de la que tú ya estás muy lejos.

Así que sé feliz a tu manera, como tú quieras, y no importa lo que digan, quién te critique o quién te juzgue: el problema no es tuyo, es suyo; él es quien está atrayendo karma hacia sí mismo, así que déjale seguir por ese camino; sé tú mismo, sé fuerte, sé decidido y ten confianza; no te preocupes por lo demás.

Pues bien, hoy aquí ya habéis recibido a María, ya habéis recibido a Sananda, un hermoso abrazo de Sananda, el Manto de María, la alegría de Kalighal. Así que ahora os voy a traer a un ser diminuto; es pequeño de tamaño, pero grande en poder.

No es el gnomo que conocéis, es otro gnomo, y cuida de un bosque muy importante del planeta Tierra: la Amazonía.

Ese gnomo es como si fuera un jefe. No es el Deva de la selva amazónica, no es eso, sino un gnomo cuya función es coordinar a todos los gnomos de la selva amazónica, a todos los que contribuyen al equilibrio —o al intento de equilibrio— de la selva amazónica.

Pues bien, escuchad lo que tiene que decir:

Hermanos míos.

Soy pequeño, comparado con vuestro tamaño, sí, soy pequeño. Comparado con el tamaño del bosque, soy casi un grano de arena, pero mi función es muy importante: mantener toda esa zona del planeta y producir el aire que respiráis.

Un bosque no existe como adorno, sino como un organismo que respira, respira, eliminando todas las impurezas del aire y liberando el oxígeno necesario para sus vidas.

Cuando se quema un bosque, disminuye el oxígeno del planeta, aumentan las sustancias nocivas y, cada vez más, os ponéis enfermos, porque el aire se vuelve impuro.

Así pues, mi papel en ese bosque es hacer que mis hermanos trabajen duro para que los árboles sigan produciendo cada vez más oxígeno. Por cada zona del bosque que se destruye, los árboles tienen que trabajar para compensar lo que se ha perdido. Por eso, hoy puedo deciros que están al límite de sus capacidades, porque se ha talado una gran cantidad de bosque.

El bosque da cobijo a los animales, alberga todo un sistema en equilibrio formado por todo tipo de animales, desde los grandes hasta los microorganismos, necesarios para el mantenimiento del bosque. Cuando ustedes lo devastáis, los animales pierden sus hábitats, los microorganismos se dispersan en el aire, contaminan vuestros cuerpos y aparecen las enfermedades, porque el desequilibrio es enorme, pero el hombre sigue talando. Así pues, estamos llegando a un punto en el que ya no hay nada más que podamos hacer; como he dicho, ya hemos alcanzado nuestro límite máximo.

Si te preguntas: ¿podría faltar oxígeno en el planeta? Quizás eso no ocurra debido a la ascensión, pero si no fuera por la ascensión del planeta Tierra, este planeta moriría, y todos los que viven en él, porque ¿quién produciría el oxígeno? ¿Las industrias? Es una broma, porque para producir oxígeno tendrían que liberar a la atmósfera, o a algún otro lugar, el resultado de sus reacciones. El desequilibrio no haría más que producirse y continuar.

Así pues, no estoy aquí predicando a favor o en contra de nada; solo es necesario que exista la conciencia humana de lo que se hace. Está claro que muchos de los aquí presentes no contribuyen a ello; nadie aquí ha talado nunca un árbol, ni ha deforestado nada, pero es necesario tener conciencia. ¿Querrás una casa que esté en un lugar donde hay un árbol? ¿Dónde está tu conciencia? Con tantos lugares en el planeta, ¿quieres arrancar otro árbol más?

Así pues, son pequeños gestos los que van cambiando vuestra forma de pensar. Hay muchos lugares en el planeta que pueden ser habitados sin talar bosques, así que, ¿por qué elegir precisamente aquellos en los que hay que talar? Por eso, depende de la conciencia de cada uno, en el día a día, alimentar esto, porque esta conciencia crece y contamina el inconsciente colectivo. Es necesario que el ser humano sea consciente del daño que causa al talar un árbol. «Ah, solo es un árbol más», pero ese árbol ha dejado de cumplir su función en la naturaleza, ha roto una cadena de equilibrio, porque todos los árboles están conectados. Quizás haya privado de hogar a muchos pájaros, que tendrán que volver a construir sus nidos, y muchas otras consecuencias que cada árbol talado conlleva.

Así pues, solo hay que crear conciencia y contribuir a que se ponga fin a la deforestación. Entonces, quizá me preguntéis: «Pero yo no puedo hacer gran cosa». Entiendo que, a menudo, no elegís al gobernante que está en el poder, sino a otro que, precisamente por sus ideas progresistas, no sale elegido; lo entiendo, pero, aun así, mantened vuestra conciencia, porque cada conciencia, unida a las demás, crea una gran conciencia.

Así pues, si eres consciente de que no debes talar bosques, difunde ese mensaje, da ejemplo, deja clara tu postura y, poco a poco, contagiarás a otras personas con la misma idea, y esta se extenderá por todo el planeta. La conciencia no surge por sí sola, de la nada; es necesario que alguien plantee una idea y empiece a difundirla, a darla a conocer, y así esta idea se propagará.

Así que sed conscientes, mantened vuestra conciencia.

Hoy me ocupo de ese gran bosque; hay muchos otros en el planeta, pero ninguno tan amenazado como la selva amazónica, por el poder, por la codicia, por aquellos que saben exactamente qué hacer para perjudicar a la humanidad. Las razones son innumerables, y muchos creen en ellas. «Ah, el planeta pasa hambre, tenemos que cultivar para que todos puedan comer».

¿Es el planeta el que pasa hambre o son los animales los que pasan hambre? ¿Quién pasa hambre? El ser humano tira más comida de la que come. ¿Quién pasa hambre? Son argumentos retorcidos y vacíos que solo sirven para alimentar el poder y la codicia.

El planeta no pasa hambre; los alimentos están mal distribuidos por culpa de quienes cultivan, pero no lo hacen para los hombres, sino para los animales.

Por lo tanto, hay que crear conciencia, hay que difundir esa conciencia, desmontar esos argumentos que no se sostienen; es necesario que muchos despierten y comprendan que solo están alimentando más de lo mismo, pero hay esperanza; sin embargo, para que esa esperanza brote de verdad, es necesario que la humanidad aprenda, es necesario que la humanidad comprenda el daño que le causa a la naturaleza. Y, por desgracia, la humanidad lo comprenderá, no con palabras; lo que sucederá será lo suficientemente fuerte como para que el ser humano aprenda de una vez por todas a respetar la naturaleza.

No temáis. El corazón de cada uno marca su camino.

Si respetas la naturaleza, la naturaleza nunca te atacará. Y no es un castigo, ni una represalia, es una consecuencia: todo tiene su consecuencia. Por eso, aquellos que alimentan todo este desequilibrio recibirán su consecuencia, les guste o no».

Sí, hermanos míos, es la conciencia, es Miguel, otra vez. La conciencia es algo muy importante, en este momento, para todos los habitantes de este planeta. Necesitáis, necesitáis alimentar vuestras conciencias con lo que es correcto, con lo que es importante.

A muchos de ustedes os resulta agotador mantener una vibración elevada todo el tiempo. Estoy de acuerdo, no es fácil, porque el mundo gira de tal manera que os desequilibra constantemente, pero hay pequeñas cosas que podéis hacer en el día a día y que os irán acostumbrando a ser cada vez más inmunes y a protegeros de lo que ocurre a vuestro alrededor.

¿Sucede algo que no te gusta, o que te afecta, sea lo que sea, y te ves obligado a dejarte llevar por esa energía? Cada problema que surge, que te envuelve, puedes verlo de varias maneras, porque el problema, cuando llega, suele hacerlo con una energía tan fuerte que casi te derriba, te sacude, y entonces pierdes el equilibrio.

Bueno, pues esa es la primera lección.

Cuando surja el problema y te haga tambalear, detente, respira hondo, tómate un momento de calma y di: «Este problema no me afecta».

«Ah, mi Arcángel, pero no has dicho la palabra». Sí. Pues bien, os diré lo siguiente.

La palabra «no» tiene una connotación muy compleja. Estás haciendo algo —voy a hacer un paréntesis—, estás haciendo algo, intentas hacer algo y dices: «No puedo». ¿Qué le estás diciendo al Universo? «No soy capaz, soy débil, soy una persona que no puede». Entonces, el Universo dice «Amén», y te ayudará a que no lo consigas, porque eso es lo que has transmitido; has soltado una frase, sin ningún contexto, utilizando la palabra «no». Y ahí ha tenido el contexto que tiene: la negación.

Bueno, volvamos a donde estaba.

El problema ha llegado, ¿qué has hecho? Primero, has respirado. Al respirar hondo, has inhalado Luz. Así, has iluminado lo que vas a decir. Y entonces dices: «Este problema no me afecta», porque la frase estará iluminada, no aislada del contexto. Así, le estás diciendo al problema: «Eres débil, no existes, y te voy a resolver fácilmente». Y así será.

«¿De verdad es tan fácil, mi Arcángel?» Sí. El problema es que ustedes divinizáis el problema, lo ponéis en un pedestal, lo hacéis tan grande como el mundo, y al mirarlo os sentís pequeños, débiles, incapaces de resolverlo. Ahora bien, si coges el problema y lo haces bien pequeñito, y le dices: «No eres nada, eres pequeño, eres una tontería, yo te voy a resolver». El problema se reduce y consigues resolverlo fácilmente.

Así que el problema de cada uno depende del tamaño que le des. Si lo haces enorme, será enorme; si lo haces pequeño, será pequeño.

Así que aprended a vivir así, valorad el problema tal y como es, o mejor aún, minimizadlo, para que podáis resolverlo fácilmente.

Este es el primer punto. Segundo punto.

Llega alguien, tú estás bien, te has levantado con buen ánimo, alegre, feliz, agradecido al Universo por estar vivo, estás rebosando alegría, riéndote sin motivo. Entonces llega alguien y empieza a contarte un montón de historias, pero no historias divertidas, sino historias de dolor, sufrimiento, problemas; así que te quedas escuchando eso y, de repente, te ves envuelta en los problemas de la otra persona, ya estás dando tu opinión sobre su problema y sintiéndote tan enfadada como ella, ya te has metido en esa atmósfera de todo lo que te ha contado. «No, es eso mismo, tienes razón». Es decir, te has hecho cargo del problema.

Entonces, ¿qué hacer? Yo diría que, si alguien se acerca para contarte un montón de cosas, podrías ser un poco descortés y decirle: «Disculpa, tengo otras cosas que hacer». Dar media vuelta y marcharte.

La verdad es que se va a enfadar bastante, porque no tendrá a nadie en quien descargar todos esos problemas que tiene, pero si quieres ser educado, solo tienes que decirle: «Estoy seguro de que encontrarás una solución». Y, sin más, te das la vuelta y te vas.

Hermanos míos, no tenéis que ser confesores de nadie, no tenéis que escuchar los problemas de nadie. «Ah, mi Arcángel, pero necesito ser amigo de esa persona». Oh, oh, el problema es suyo, no vuestro.

Pues vale. Si quieres ser amigo y quieres escuchar, vuelve a respirar hondo, llénate de Luz y ve directamente a la Presencia Divina, y quédate ahí, escuchando, si quieres, pero estás en la Presencia Divina, y entonces la persona te dirá algo así: «¿Pero tú no dices nada?». «No, solo estoy escuchando». Entonces podrás dar esa respuesta que te dije la otra vez: «Estoy seguro de que encontrarás el camino». «Ah, pero quiero tu opinión». «No, la decisión es tuya».

No tienes por qué dar tu opinión sobre los problemas de los demás, porque mañana, si la opinión que diste no ha salido bien, te la echarán en cara: «Vaya, hice lo que me dijiste y me ha salido mal». Te lo tienes merecido, no tenías por qué haber dicho nada.

Así que, hermanos míos, dejemos esto ya: cada uno tiene sus propios problemas; el problema no es tuyo; de hecho, ya tienes los tuyos de los que ocuparte, no querrás ocuparte también de los problemas de los demás.

Pues bien, aprendamos a quedarnos en silencio, en la Presencia Divina, simplemente escuchando, para no parecer maleducados, para ser amables. Muy bien, tú escuchas, y te garantizo lo siguiente: ¿qué pensará la otra persona? «Vaya, he hablado un montón, le he contado mis problemas y el otro solo me ha respondido que yo mismo encontraré la respuesta. Ah, no voy a decir nada más». Mira, qué maravilla, nunca más te contará nada, porque tú no vas a decir nada.

¿Os dais cuenta de lo que habéis conseguido? ¿Lo entendéis? ¿Entendéis que es así como no os metéis en la vida de los demás, ni os quedáis escuchando tonterías sobre la vida de los demás? Así es, hermanos míos.

El ser humano es muy curioso: no le gusta sufrir solo, quiere que todos los que le rodean sufran con él. Si siente un dolor: «Ay, qué dolor». Llega otra persona: «Ay, me duele». Luego llega otra: «Ay, yo también…». Y va contagiando su dolor a todo el mundo, porque todo el mundo tiene que sentir el mismo dolor que él.

Sí, así sois, es impresionante. El dolor es tuyo, ¿por qué tiene que saber el otro que estás sufriendo para que le de pena? Porque es lo único que va a decir: «Pobrecito, está sufriendo». El dolor es tuyo, tú lo has creado. Así que el otro no tiene nada que ver con eso, ¿por qué tienes que contagiarle tu dolor? Guárdatelo para ti, tú lo has creado.

Ah, ese es otro punto importante.

Te encuentras con alguien: «Vaya, hoy estoy así, así, tengo tal enfermedad, tal otra. Ah, me he hecho las pruebas». Y te suelta todo el informe médico de golpe.

¿Qué tienes que hacer? Respira hondo, Presencia Divina: «Aham, aham». Y no digas nada, limítate al «Aham». No digas nada, ¿qué vas a decir? «Vaya, tienes el colesterol alto, vaya, estás enfermo, de verdad». ¿Eres médico? No lo eres, así que limítate al «Aham».

Hermanos míos, dejemos ya de difundir cosas malas. Es difícil encontrar a alguien que diga así: «Te voy a contar un chiste para que te rías». Es difícil, nadie se acerca al otro para contarle un chiste, para hacerle reír, para hacer el tonto. No, solo se acercan para decir cosas malas, para contar alguna historia desagradable. Ah, y para cotillear. «¿Lo has visto, fulano? Vaya, ¿lo has visto?». Y tú: «Ajá», solo un «Ajá». No vas a replicar, no vas a decir: «No, yo creo que…». Tú no piensas nada; lo que piense la otra persona es problema suyo, tú no piensas nada. Entiéndelo.

«Ah, mi arcángel, pero así, dentro de poco ya nadie me hablará». Entonces, te pregunto: «¿Qué has ganado con cada uno de los que han venido a hablar contigo?». Uno vino a contarte su enfermedad, otro vino a contarte un problema, otro vino a contarte chismes. ¿Qué has ganado? ¿Qué energía positiva has recibido? Ninguna. ¿Y te quejas porque estás perdiendo amigos? Pues bien, querido mío, la elección es tuya, la elección es tuya. ¿Quieres mantener tu vibración alta? Pues sigue con tus amigos, escuchándolo todo, dando tu opinión, cotilleando con ellos, porque a muchos de ustedes, y es curioso, cuando os decimos: «Tenéis que cambiar vuestros hábitos», os oigo decir: «¿Qué hábitos? Ah, yo no hago nada malo». No. Y cinco minutos después, ya está hablando mal de los demás; un poco más tarde, se queja de algo; y un poco más tarde aún, está escuchando y hablando con alguien sobre algo que no va a elevar la vibración, pero no sabe qué hábito erróneo está practicando.

Son esos hábitos, hermanos míos, son esos hábitos los que os sacan de vuestro estado de serenidad, de esa vibración elevada.

Y luego están esos… ah, este es un tema muy interesante.

Encended la radio. Dios mío, ¿qué es eso que estáis escuchando? Os voy a decir lo siguiente.

El ser humano se está extinguiendo solo por culpa de las canciones. En primer lugar, porque las canciones se han distorsionado por completo para afectar a sus aguas.

Entendedlo. Si no lo conocéis, buscad «La acción de la palabra sobre el agua». Buscadlo en Internet: son esos vídeos en los que unos científicos cogen una gota de agua, le dicen solo cosas bonitas y observan el agua con el microscopio. Se comporta de forma perfecta, forma figuras geométricas perfectas.

Entonces le dices un montón de palabras negativas al agua. No forma nada, se deforma.

Y recordad que estáis compuestos por un 70 % de agua.

Entonces, enciendes la radio y escuchas la canción: «No, porque sufro, amo, no sé qué». Y el cantante está a punto de llorar de tanto sufrimiento. ¿Cómo están tus lágrimas? Exactamente igual que ese sentimiento que él está transmitiendo, porque están respondiendo a esa vibración.

Y no voy a hablar de otros ritmos. Los ritmos pesados, los golpes muy fuertes, alteran vuestras aguas, y mucho. Y entonces os sentís mal, sin saber por qué. Interesante. Lo mismo ocurre con el contenido de las canciones, hermanos míos, es importante. Muchos de ustedes escucháis canciones extranjeras: Vaya, qué canción tan bonita. No conocéis el idioma y las escucháis todo el día, sin saber lo que se dice ahí detrás. ¿Alguna vez os habéis molestado en mirar? Porque si miráis la letra, ya no escucháis la música.

¿Os dais cuenta de que todo está pensado para atacaros de alguna forma? Nada se hace para mejorar, nada se hace para lograr el equilibrio, todo se hace para crear desequilibrio.

Bueno, os sentís ansiosos, nerviosos, desorientados y cosas por el estilo. Me pasaría aquí todo el día hablando de eso.

En resumen, ¿qué es lo importante?

Lo importante es seleccionar, estar siempre presente en lo que escuchas, ser siempre consciente de lo que estás escuchando y, sobre todo, de lo que estás diciendo. Ah, y hay otro punto: también al pensar, porque mucha gente aquí piensa: «Bah, estoy pensando, nadie sabe lo que estoy pensando». Y yo te diría que cada uno de tus pensamientos es una pequeña onda de energía, y esa onda la has emitido tú. ¿Qué es lo que has emitido? No lo sé. Puede que haya sido algo bueno, o puede que haya sido algo malo, pero lo has emitido, y el Universo lo ha captado. Y si has emitido algo en contra de alguien, eso te volverá a ti, ¿y crees que no has hecho nada de más? Dulce ilusión, porque recibirás la respuesta.

Así pues, sed conscientes de lo que pensáis, de lo que decís y de lo que hacéis, para que mantengáis una vibración elevada.

Y ahí, una vez más, oigo a muchos decir: «Esto es agotador». Y lo es, pero si creáis nuevos hábitos, al final se convertirá en algo habitual y, de repente, ni siquiera prestaréis atención a lo que tenéis que hacer, lo haréis casi de forma automática.

Y así es como mantenéis vuestra energía alta, porque os voy a enseñar cómo es vuestro día.

Normalmente os despertáis por la noche; vuestras almas deambulan, se encuentran con Seres, reciben enseñanzas, se purifican… Todo el trabajo que hay que hacer se lleva a cabo durante la noche. Por eso, os despertáis con una vibración muy elevada. ¿Por qué creéis que muchos de los que estáis aquí os despertáis entre las 3 y las 4 de la madrugada? Porque estáis en el punto álgido de la vibración. Es la hora en la que, por así decirlo, todo lo que se hace con el alma llega a su fin. Por eso, muchas veces recibís mensajes, os despertáis de repente y os preguntáis: «¿Por qué me he despertado?». No hay ningún motivo concreto, es simplemente porque la vibración, a veces, es tan intensa que el cuerpo se despierta sin una razón específica. Así que, por la mañana, seguís experimentando esa vibración.

Pues bien, os despertáis con ese «buenos días» y una sonrisa, y entonces llega uno, luego otro, un contratiempo por aquí, otro por allá. Es como si estuvierais en la cima de una montaña, llega uno, os molesta, resbaláis, delante de ustedes hay un precipicio, y vais resbalando, resbalando, resbalando, durante todo el día, resbalando. Llega un momento en el que estáis ahí abajo, en el fondo, porque son tantos los problemas que absorbéis que perdéis toda la energía positiva que habéis ganado durante la noche.

Entonces hay quienes dicen: «Vaya, no recibo nada, no oigo nada, no veo nada». Claro, siempre están al fondo del desfiladero, no tienen la vibración necesaria para recibir nada. ¿O acaso crees que un Ser de Luz se acercará a una persona que tiene una vibración baja? No lo hará, por desgracia no lo hará. Así que os vais a dormir otra vez, subís rápidamente, os vais a dormir y empieza todo el proceso de nuevo: el alma se purifica, se le enseña, bla, bla, bla, bla, bla, bla, y la vibración vuelve a subir.

Entonces, ¿por qué no intentar mantener esta vibración durante el día? Y es precisamente manteniendo esta vibración durante el día cuando tenéis las revelaciones, los mensajes y las ideas inspiradas. No esperéis recibir ideas inspiradas estando en una vibración baja, es imposible.

Así que elegid las canciones que vais a escuchar; escuchad canciones luminosas, de alta energía, de alta vibración; escuchad canciones en las que entendáis lo que se dice, en las que sepáis que hay un mensaje positivo. «Ah, pero no me gustan esas canciones». Pues bien, entonces no puedo hacer nada, no hay nada que hacer, son elecciones, son las famosas elecciones: tú eliges lo que quieres vivir.

Tienes un jardín en la parte trasera de tu casa, cerca de ella; es uniforme, puedes pisar el césped, incluso tumbarte en él y quedarte allí, relajado, pero hacia el final del jardín está un poco húmedo, así que, si pisas allí, te ensuciarás los pies de barro. Así que, si decides pisar el barro, te ensuciarás los pies; si decides quedarte en la hierba, incluso podrás tumbarte en ella.

Pues bien, hermano mío, es una elección. ¿Quieres quedarte en el barro? Quédate en el barro, pero no te quejes de no recibir nada. Todo es compatible. Ahora bien, si estás en la hierba seca, ahí conectado al planeta, podrás recibir muchas cosas.

Entonces, muchos de ustedes seguís diciendo: «Mi vida no avanza, ay, soy un desgraciado». Pues bien, te hago una pregunta: ¿qué has hecho para que tu vida avance? ¿Has cambiado tus decisiones? ¿Has elegido mejor tu camino? ¿Has elegido un camino iluminado o sigues haciendo todo lo que hacías antes?

Entonces ya queda claro por qué tu vida no avanza: porque cuando vibras a un nivel elevado, la vida fluye, prospera y mejora, y la vida a tu alrededor también mejora, ya que empiezas a atraer a personas más iluminadas; sin embargo, como dijo María, siempre habrá alguien que vendrá a apagar tu luz, siempre lo habrá. No han desaparecido de tu mundo, al contrario, están muy enfadados porque están perdiendo poder, así que quieren molestarte al máximo, pero si te mantienes en tu energía, en tu equilibrio, nada te afecta. Esa es la gran sabiduría.

Recita mantras de vez en cuando. Cuando sientas que la energía no va bien, ya os lo he enseñado: «Soy Luz», tres veces. Elimina cualquier cosa negativa que haya a tu alrededor. Es un mantra muy poderoso, y no hace falta decirlo en voz alta; recítalo mentalmente y todo lo que te rodea que sea energía negativa se desvanecerá.

Así que estad atentos, este es el momento: manteneos conscientes, manteneos presentes; por eso insistimos tanto en ello: manteneos presentes. ¿Por qué? Para identificar cada proceso, porque si vas a mil por hora, con la cabeza a mil, no identificas nada, y cuando te das cuenta, ya estás ahí, en medio del barro, con el barro casi hasta el cuello.

Por eso, es necesario estar presente y ser consciente en todo momento. ¿Es agotador? Sí, lo es, pero es necesario. Queréis evolucionar, ¿no? Pues hay que esforzarse; no basta con meditar por la mañana y por la noche y creer que estáis evolucionando, porque a veces evolucionáis y otras no, a veces sí y otras no. Así es vuestro día. Evolucionáis y retrocedéis, evolucionáis y retrocedéis; así estáis todo el día. Así que ese poco de evolución que habéis conseguido por la noche, lo perdéis durante el día. ¿Qué habéis evolucionado? Nada.

Entonces, ¿quieres conservar lo que recibes? Haz lo que sea necesario: mantente presente, no te involucres, aléjate de aquello que no te aporta buenas energías. ¿Perder a los amigos? Vaya, ya habéis perdido a muchos, y perderéis a muchos más. Y os diré más: vuestras familias empezarán a olvidarse de ustedes. Es curioso, es curioso cómo, de repente: «Vaya, es verdad, tal y tal existe», porque ya se habían olvidado de ella, porque la vibración es tan alta que la familia ni siquiera se acuerda ya. ¿Estoy mintiendo? Y eso es todo. «Ah, mi Arcángel, pero entonces, ¿me olvido de la familia?». Bueno, ahí será decisión tuya; si quieres volver con la familia, puedes estar con ellos de vez en cuando, tampoco hace falta que los abandones a todos, pero aprende a estar con ellos, porque ¿qué pasará? «Ay, Dios mío, estoy con esto y aquello. Ay, quiero hablarte de tal. Ay, no sé qué». Aprende a comportarte, porque eso es lo que ellos traerán. No olvides que están en otra vibración; no van a hablar de ti, ni del mensaje de Sananda, ni del mensaje de María; no, van a hablar de todo lo que acabo de decir hace un momento.

Pues bien, si sabes cómo comportarte, ten por seguro que te considerarán un creído. «Vaya, fulano está cada vez más tonto». Y seguirán olvidándose de ti; ¡qué maravilla!, ya no tendrás que volver a intentar ligar con ellos, porque ellos mismos se olvidarán de ti.

Sí, hermanos míos, por desgracia es así: la vibración hace que eso ocurra, y ustedes empiezan a ser seleccionados respecto a los demás.

¿Existen distintos niveles de vibración, y muchos de ustedes, aquí, ya estáis vibrando a un nivel muy alto en comparación con el resto de la humanidad? Vaya, ya habéis subido muchas octavas; no queráis volver a las octavas más bajas, porque estáis ascendiendo por esos maravillosos niveles de esa pirámide.

Y os aseguro que los regalos no dejan de llegar, porque estáis vibrando a un nivel muy alto. Quien vibra a un nivel muy alto, recibe regalos, recibe muchas cosas buenas. Es como si todo empezara a resolverse de forma fácil y tranquila, porque la Luz actúa en todo. Eso es lo que tenéis que comprender.

Cuanto más alto vibréis, más actúa la Luz, más ilumina la Luz. Y si ilumina, ¿qué pasa con la sombra? Desaparece, las sombras se desvanecen. Entonces, ¿por qué no elegir permanecer siempre en la Luz? ¿Por qué no elegir vibrar alto y ver cómo todo se resuelve fácilmente?

Ah, ya lo sé, os gusta sufrir; sí, el ser humano tiene esa costumbre, le gusta sufrir, le gusta sentirlo en carne propia. «Ay, tengo que sufrir, porque al sufrir Dios me mira». Eso no tiene ningún sentido; Dios se entristece cuando ve a un hijo deseando sufrir, porque Él no creó ninguna alma para el sufrimiento; eso fue elección vuestra, ustedes elegisteis sufrir, pero vamos a acabar con esto, vamos a acabar con el sufrimiento. Entonces, muchos dirán: «Pero, mi Arcángel, tengo dolores horribles». Sí, tú lo has elegido, tu alma lo ha elegido. Entonces, ¿por qué no tienes una charlatita con tu Presencia Divina? Llámala a un rincón: «Hablemos. Mira, ya no quiero este dolor, vamos a buscar la manera de curarlo. Vamos, muéstrame una forma de curarme, porque ya no quiero sufrir más».

Chicos, ustedes sois los que mandáis en vuestro cuerpo. Así que, si queréis curaros, hablad con la Presencia Divina, con el Yo Superior, con la Mónada, con quien queráis. Poned fin al sufrimiento. ¿Por qué seguir así? Os gusta, os gusta.

Bueno, os diré una cosa: os gusta tener temas de conversación. Cuando te encuentras con alguien: «Ay, hoy me duele aquí». Y la otra responde: «Ay, a mí hoy me duele el pie». Es para tener de qué hablar. Solo se habla de enfermedades. Vaya, es impresionante, impresionante, solo se habla de enfermedades.

¿Por qué no cambiar de tema? Mira, te voy a enseñar algo importante. Habla con Dios en tu corazón». Sí, porque la persona no sabe lo que es la Presencia Divina. Entonces, te acercas y le dices: Habla con Dios en tu corazón y dile: “No quiero seguir sufriendo, quiero curarme de esta enfermedad, quiero dejar de sentir dolor”». Habla con Dios, que está en tu corazón». Entonces, ella dirá algo así: «Pero Dios no está en mi corazón, Dios está allá arriba». Sí, ahí se complica, pero lo intentas, ¿no? Porque, a veces, tenemos que —nosotros no, ustedes, claro— modificar un poco las palabras para que la persona pueda entenderlo, pero la idea es esa, gente, probadlo, ¿qué cuesta hacer un intento, hablar con la Presencia Divina?: «Mira, vamos a darle un respiro a este dolor, ya basta, ya estoy harta. Ya he comprendido que me he hecho daño, que elegí mal, ya lo he entendido todo; ahora quiero curarme».

Vamos, gente, intentemos hacer algo por nosotros mismos, este es el momento. ustedes sois quienes mandáis, ustedes sois la conciencia; la conciencia es la que manda. Si creéis en la enfermedad, esta seguirá ahí, firme y fuerte.

Cree en la curación, pero no de esa forma: «Ah, vale, lo haré, está bien. Ah, me voy a curar, vale, vale, vale, vale». No, así no se curará nada. Tiene que ser una curación consciente, esa curación de quien cree. «Yo creo en esto». Y ve a por ello, lucha por ello.

Ahora bien, siempre hay un «pero», ¿no? No esperéis que esto también ocurra en un abrir y cerrar de ojos. «Mi Presencia Divina, quiero curarme». Y, de inmediato, el dolor desaparece. No, chicos, sois graciosos, os pasa lo mismo que a esas personas que hacen dieta. Me parece muy interesante. Comen hasta reventar, ¿no es así como se dice? No sé si existe esa expresión. Comen hasta hartarse, todo lo que engorda, y luego se miran al espejo: «Voy a ponerme a dieta». Y ahí empieza la dieta, un solo día, porque al día siguiente ya se ha acabado, ya se lo han comido todo, otra vez.

Chicos, ¿qué os pasa, que tenéis este desequilibrio de un lado a otro? Creed en algo y ponedlo en práctica. No puede ser. Por eso tenéis que entender que todo lo que os pasa lo creáis ustedes mismos. Si engordáis es porque coméis demasiado, coméis lo que no debéis. Si os ponéis enfermos por lo que coméis, pasa lo mismo. ¿Por qué no optar por comer sano? Está claro que, de vez en cuando, chicos, tampoco hay que ser tan estrictos; de vez en cuando podéis daros un pequeño capricho, vale, pero no se trata de daros un capricho todos los días; hay que ser conscientes de lo que se come y ustedes os atiborráis de porquerías.

Así que ya veis que es un tema en el que una cosa lleva a otra, y otra, y otra, y yo podría seguir hablando aquí hasta mañana, pero lo importante, en resumen, es que seáis conscientes, conscientes de lo que pensáis, de lo que decís, de cómo actuáis, de lo que coméis. Se trata de la conciencia, hermanos míos. Si tenéis conciencia, lo conseguís todo, vibráis a un nivel elevado, y al vibrar a un nivel elevado, incluso vuestros cuerpos mejoran, las enfermedades empiezan a desaparecer, porque el desequilibrio se acaba. ¡Entendedlo!

Solo tenéis que ganar vibrando a un nivel elevado, porque todo se convierte en Luz, e incluso vuestras células enfermas se iluminan y la enfermedad empieza a desaparecer. Así que avanzad hacia eso, buscad esa alta vibración, buscad el equilibrio en todos los sentidos.

Reconozco que no debe de ser fácil; yo no vivo como un ser humano, pero entiendo cómo es el mundo que nos rodea. Lo entiendo, entiendo que no es fácil mantener una alimentación saludable fuera de casa; lo entiendo, porque no te lo ofrecen. Cambiáis de entorno y, por desgracia, tenéis que adaptaros a él. Vais a una fiesta, ¿habrá en la fiesta exactamente lo que coméis? No, habrá exactamente lo que no debéis comer. ¿Y entonces qué hacéis? ¿Os vais a quedar con hambre? No, vais a comer, pero lo haréis con moderación. «Ah, pues, ya que hoy voy a comer todo lo que no puedo, me lo voy a comer todo». Me gusta eso de «tirar la toalla», pero ¿qué tiene que ver «tirar la toalla» con la comida? Hay ciertas cosas que realmente no entiendo, pero bueno, he entendido el concepto: se trata de pasarse de la raya, así que está bien. Entonces, os pasáis de la raya, coméis de todo, bebéis de todo, y al día siguiente: «Tengo que volver a ponerme a dieta». Y así sucesivamente.

Así pues, hermanos míos, tenemos que aportar ligereza a muchas de las cosas que se dicen. Es necesario que tengáis esta conciencia, es necesario que encontréis el equilibrio, que no sea ni demasiado por un lado ni demasiado por el otro, sino un equilibrio. ¿Queréis escuchar música, más o menos? Vale, escuchadla, y después escuchad una de alta vibración. Vuestras aguas se equilibrarán.

Así que procurad siempre ir de lo más ligero a lo más pesado. Si habéis comido más de lo que debías, tomad mucha agua, comed fruta y pasad un día con una dieta más ligera. Haced siempre este contrapunto y así conseguiréis mantener el equilibrio y, poco a poco, iréis cambiando.

El cambio no es instantáneo, hermanos míos. Es gradual, pero debe ser constante para que podáis ir adquiriendo nuevos hábitos. Nada ocurre de la noche a la mañana, nada, pero se necesita repetición, se necesita determinación, se necesita constancia, asiduidad, determinación y compromiso.

Espero que todos los que me están escuchando —no, además de los que están aquí hoy, también los que están lejos y me escuchan— se detengan un momento y reflexionen sobre todo lo que he dicho aquí hoy.

Hermanos míos, el cambio es necesario, no penséis que no lo es. Hay que cambiar, hay que cambiar de actitud, hay que cambiar de hábitos, de pensamientos, de palabras y de alimentación.

Todo tiene que cambiar para que vibréis a un nivel elevado, porque, si no, recordad lo que os dije: es como un desfiladero en el que por la mañana estáis arriba, pasa el día, bajáis, luego subís de nuevo, y así estáis todo el tiempo, perdéis y ganáis, perdéis y ganáis, perdéis y ganáis; es decir, no avanzáis, estáis en el mismo sitio, todos los días, no eleváis la vibración.

Y, para terminar, diría lo siguiente.

¿Sirve de algo hacer todos los ejercicios que te hemos enseñado? Es obvio que sí, ni siquiera tendrías que preguntarlo; sin embargo, para mantenerlos, hay que mantener la energía alta, porque, si no, todo vuelve a empezar.

Por lo tanto, es necesario un cambio en todos los aspectos, en todos los sentidos.

Y hoy se ha planteado aquí una pregunta muy interesante y la he escuchado. Si los procesos por los que he pasado pueden repetirse.

Cada día os encontráis en un nivel determinado y, dependiendo de vuestro camino, vais subiendo y adquiriendo nuevas frecuencias vibratorias. Así pues, si os mantenéis en ese proceso de vibrar a un nivel elevado, iréis subiendo cada vez más; con cada proceso, subís un poco más. Por eso, repetir un proceso, para muchos, a veces, se vuelve innecesario. ¿Por qué? Porque son procesos que surgieron para elevar la vibración cuando estabais muy abajo. Pero no se os impide hacerlos, podéis hacerlos, aunque yo diría que no os aportarán grandes resultados.

Voy a poner un ejemplo.

Quien haya hecho la Caminata I, quien haya hecho la Caminata II, ahora está haciendo «El Cáliz». «Ah, voy a volver a hacer la Caminata I». No pierdas el tiempo, porque la Caminata I fue el primer paso del camino. Ahora, si quieres repetir una Caminata, repite la II; así sí, limpiarás algo más que ya hayas creado de nuevo. La I ha perdido su sentido en este momento, ¿lo entiendes? Pero puedes repetir la II. ¿Quien haya hecho «El Cáliz» puede repetir «El Cáliz»? Sí, sin problema, y estarás repitiendo «El Cáliz» en otra vibración, no en la que tenías cuando lo hiciste la primera vez, por lo que traerá otros resultados. ¿Lo entendéis?

Ahora bien, ¿qué es lo más importante de todo esto? Algo que nunca debéis olvidar.

Pregúntale a la Presencia Divina, porque, de repente, podría decirte: «No, no lo hagas». ¿Y por qué podría decirte que no lo hagas? Porque, tal vez, mañana o la semana que viene, estarás más preparado para hacerlo por segunda vez.

Así que, da igual el motivo; lo importante es que, cada vez que vayáis a hacer algo, sea la primera vez o no, preguntéis a la Presencia Divina, porque ella sabe si estáis preparados o no.

Muchos se lanzan a por todo lo que aparece, y luego lo hacen y no notan nada diferente. Vaya, creo que este proceso de aquí, no sé, porque no he visto nada». No es el proceso, es que tú no estabas preparado. Digamos que el proceso estaba aquí (arriba) y tú estabas aquí (abajo), así que no encajó: no estabas en la vibración adecuada para hacerlo.

Así que, si no has sentido nada, pregúntale a tu Presencia Divina cuándo debes repetirlo, porque será necesario. ¿Lo entendéis?

Es necesario que adquiráis este hábito: preguntarle todo a la Presencia Divina. ¿Cuándo debo hacerlo? ¿Debo hacerlo ahora? ¿Debo hacerlo más tarde? ¿No debo hacerlo?». Y la Presencia Divina podría responder: «No, no debes hacerlo».

Y entonces te preguntarás: «¿Por qué no puedo hacerlo?». Porque no estás preparado; quizá tengas una reacción muy fuerte ante ese proceso, así que no es el momento adecuado; aprende a esperar.

El problema no es el proceso, el problema es el momento en el que cada uno de ustedes puede o no puede hacerlo.

Bueno, pues… es… esperad un momento, que está buscando la palabra… sed cariñosos con ustedes mismos, no era esa la palabra que quería decir. Cuidadosos, eso es, cuidadosos con ustedes mismos, cuidadosos, en el sentido de no pasar por algo que no sea el momento adecuado.

Todo es un camino, hermanos míos, en el que ustedes también vais subiendo los peldaños.

Así pues, preguntad siempre a la Presencia Divina: ¿Puedo hacerlo o no? ¿Es el momento adecuado o no? ¿Puedo repetirlo o no?». No lo decidáis por vuestra cuenta. Tenéis un Maestro, que es la Presencia Divina, así que actuad preguntándole a la Presencia Divina.

Hablando del Maestro, ¿sabe todo el mundo aquí quién es su Maestro espiritual?

Que levante la mano quien no lo sepa.

Mmm, interesante, muy interesante.

Pues bien, quedemos en lo siguiente.

Después de comer, voy a proponer una meditación en la que descubriréis quiénes son vuestros Maestros, ¿vale?

Así que intentad no comer en exceso durante el almuerzo, comed de forma equilibrada; estáis en medio de un encuentro espiritual, no llenéis demasiado el cuerpo, comed con moderación y, más tarde, haremos esa meditación, ¿vale? 

Esperadme.

Traducción: Regiani Maria Bugalho

Revisión: Ana Maria Souza

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