ARCANGÉL MIGUEL en Vivo – 23-09-26

¡Queridos! ¡YO SOY EL ARCÁNGEL MIGUEL!

Es curioso cómo lo dejáis todo para el último momento; ahora ya no sirve de nada, hermanos míos, esperad al próximo, el año que viene. Y recordad que el año que viene no tendremos tantos encuentros como los que hemos tenido este año.

Ya lo he explicado aquí, pero siempre es bueno recordarlo.

Para ella formaba parte de su camino asumir estos encuentros tal y como han sido, todo muy bien organizado y planificado. Así que, el año que viene, solo tendremos dos encuentros, digamos, a los que todos podrán asistir, encuentros grandes.

A principios de año, aunque aún no tenemos la fecha, no me he olvidado de Brasilia; tendremos el de Brasilia y los otros dos seguirán el curso que deben seguir a lo largo del año.

El envío, hermanos míos, no os afecta en absoluto, pero es importante recordar lo siguiente: existe una… voy a poner un ejemplo que espero que entendáis.

Dale de beber a un animal sediento, o incluso a una persona, a un ser humano con mucha, mucha sed. Ni siquiera conseguirá beber el agua correctamente; se abalanzará sobre ella con enorme ímpetu, porque la sed es muy grande. Al cabo de un rato, sí, entonces podrá beber de esa agua con más calma, con más tranquilidad.

Así pues, haré el paralelismo con el bosque; prestad atención.

Ese bosque ha sido escenario de todo tipo de agresiones: incendios, tala de árboles, contaminación de ríos y «un sinfín» de otras cosas que ni siquiera merece la pena mencionar. Así que podemos decir que el bosque, hoy en día, está triste, muy triste, porque nadie lo respeta. Todos lo miran y piensan: «Bah, solo es un arbolito, no se echará en falta entre tantos otros». Y todos pensaron así y, hoy en día, está como está.

Así que el bosque está triste, sí, porque siente que nadie lo ama, que nadie lo cuida; es como si se sintiera abandonado por la humanidad. Por eso, empezad a enviarle Amor. Es como un animal sediento de amor y de respeto.

Haciendo un paréntesis aquí, cuando envías algo a alguien, una energía, quien controla la cantidad de energía que sale de tus manos —es decir, sea cual sea la forma— es quien la recibe. Toda energía de Luz funciona así: quien la recibe es quien controla cuánto va a recibir; por eso, la mayoría de las técnicas de Luz pueden aplicarse a fetos, bebés, animales pequeños y personas mayores sin causar ningún tipo de daño, porque quien controla la cantidad de energía que se va a aplicar es quien la recibe. Muy bien, cerramos el paréntesis.

Así pues, el bosque está ávido de Amor, y ahí es cuando empezáis a emanar Amor. Él absorberá todo lo que pueda, porque se sentirá amado. Entonces, tomad conciencia del tamaño del bosque y de vuestro propio tamaño; por eso, un minuto: vais a dar durante un minuto y luego vais a dar por terminado. «Ah, ¿cómo se termina?». Quita la mano de encima del mandala, eso es todo; así se interrumpe el envío y se corta la conexión.

No, no estoy diciendo aquí que el bosque sea malo, que el bosque te vaya a hacer daño, no es eso, pero sí que puedes sentir, por la fuerza con la que te va a absorber lo que estás enviando, eso es todo, un minuto. Por mucho que te absorba en un minuto, no te agotará, no te afectará. ¿Lo entendéis? Espero que sí, porque mañana habrá alguien que esté emanando media hora, una hora, y luego se quejará de que está así, que está hecho polvo, después de haber enviado el Amor. Así que aprended a seguir las reglas: es un minuto. ¿Queréis enviar más? Muy bien, parad un rato, haced algo, volved dentro de un rato, un minuto más. No hay que pedirle nada a nadie, no hay que conectarse con nadie, no hay Presencia Divina, no hay nada, solo hay que poner la mano ahí arriba y enviarlo.

Así que tenedlo siempre listo, haced el ritual y enviadlo.

Hay una frase que tendréis que decir durante el envío, al empezar, ya sabéis, el envío. Todo esto está en el documento que recibiréis.

Así pues, hermanos míos, estamos cumpliendo con nuestra parte. Mi espada está clavada en la Pirámide, la Energía Crística de Sananda llega hasta la Intraterra y el Manto de María cubre la Pirámide.

Por lo tanto, nuestra función allí, en ese punto, se está llevando a cabo; hay mucho que limpiar allí, y eso es exactamente lo que se está haciendo.

Estáis demostrando al bosque que lo amáis, que lo respetáis; por eso, le enviaréis Amor, y con ello tendrá fuerzas para renacer.

¿Y qué es el renacimiento del bosque?

Se trata de recuperar todo aquello que le fue arrebatado: árboles que brotan donde fueron arrancados, ríos que nacen de nuevas fuentes. Quien viva, lo verá dentro de un tiempo. Así que no intentéis comprender al detalle lo que va a suceder, porque hay mucho por suceder.

Así que dedicaos simplemente a cumplir con el ritual, nada más.

¿Tiene que ser todos los días? Como queráis: todos los días, un día sí y otro no, una vez al mes… No importa, hacedlo como queráis; hacedlo 100 veces al día, pero cada vez solo un minuto. Tened siempre un reloj a mano: cuando empecéis a enviar, mirad el reloj y seguid el ritmo durante un minuto. No es difícil, ¿verdad? Ya está: mirad el mandala, recordadlo, enviad energía durante un minuto, ni más ni menos; entended que este es el proceso.

Hermanos míos, cada día se van más y más y más almas, por decisión de las propias almas y, a menudo, por decisión de la conciencia humana. ¿Cómo es eso? Vamos allá.

El alma decide: “No, quiero morir de viejo, cumplir todas mis misiones, morir tranquilamente, cuando mi cuerpo ya no pueda más”. Eso es el alma. Entonces, el alma encarna, pero la conciencia se pierde. Es una conciencia que se droga, tiene todos los vicios posibles e imaginables, bebe mucho y luego muere en un accidente de coche.

¿Lo planeó el alma? No, no lo hizo; el alma no quería eso, pero la conciencia humana tomó las riendas y llegó a ese punto.

Así pues, hay algunos casos en los que la conciencia humana modifica el camino del alma.

Es importante, hermanos míos, que escuchéis a El alma decide: «No, quiero morir de viejo, cumplir todas mis misiones, morir tranquilamente, cuando mi cuerpo ya no pueda más». Eso es el alma. Entonces, el alma encarna, pero la conciencia se pierde. Es una conciencia que se droga, tiene todos los vicios posibles e imaginables, bebe mucho y luego muere en un accidente de coche.

¿Lo planeó el alma? No, no lo hizo; el alma no quería eso, pero la conciencia humana tomó las riendas y llegó a ese punto.

Así pues, hay algunos casos en los que la conciencia humana modifica el camino del alma.

Es importante, hermanos míos, que escuchéis a su corazón.

Muchas personas se pasan la vida arrepintiéndose de lo que no hicieron. “Ay, debería haber hecho esto. Ay, debería haber hecho aquello. Ay, nunca fui feliz en mi profesión”.

¿Y por qué siguió en ella? ¿Por qué no siguió lo que le dictaba el corazón? Ah, porque fulano iba a hablar, porque mengano iba a juzgarle. ¿Por qué, por qué, por qué, muchos porqués. Y así se pasa una vida infeliz, porque nunca se hizo lo que a uno le gustaba.

Hoy, en este preciso momento, muchas personas están redescubriendo la alegría de vivir, dejando atrás trabajos muy bien remunerados y dedicándose a lo que aman. Enhorabuena a ellas, están siguiendo el camino del alma, las vocaciones del alma.

Vamos, hermanos míos, imaginemos lo siguiente: ¿Cuántas encarnaciones habéis tenido? ¿Con cuántas profesiones habéis tenido contacto? Pero os digo que no han sido tantas, porque la tendencia es siempre retomar algo que ya conocéis.

¿Por qué algunas personas se desenvuelven tan bien en determinados trabajos, en determinadas profesiones? Porque es la profesión del alma, es aquella profesión que el alma, a lo largo de toda la encarnación, elige como camino. Entonces, es como si ya estuviera cansada de conocer todo eso, por lo que se desenvuelve muy bien, prospera y es feliz en lo que hace.

Así pues, te hago una pregunta ahora, hermano o hermana mía.

¿Eres feliz con lo que haces, en tu profesión?

No hace falta que respondas en voz alta para no herir a quienes te rodean. Responde en tu interior. ¿Eres feliz en tu profesión? ¿Te encanta lo que haces?

Si has respondido, aunque sea en tu interior, con una sonrisa en los labios, entonces te encanta, eres feliz y estás siguiendo el camino de tu alma. Ahora bien, si has bajado la cabeza y te has entristecido porque eso no era lo que querías, entonces estás forzando una situación que solo te traerá molestias, decepción, tristeza, nada más.

Y entonces te pregunto: ¿por qué? ¿Por qué recorrer un camino que no te aporta ni alegría ni felicidad? ¿Por qué?

Muchos de ustedes se obsesionan con la opinión de los demás. “¿Qué van a decir?” ¿Quiénes son los demás en tu vida? ¿Qué hacen por ti? Te hago una pregunta: ¿qué hacen por ti aquellos que te critican, aquellos que te señalan con el dedo? Te responderé aquí que el 99 % no hace nada, pero te señala con el dedo.

Así que te diría lo siguiente: los que te señalan con el dedo sienten envidia de tu valentía, de tu capacidad para dejarlo todo y dedicarte a lo que te apasiona. Eso es. Sienten envidia porque no tienen valor para hacerlo, siguen con su vidita triste y mediocre, se quejan de todo, son eternamente insatisfechos, pero señalan con el dedo a quien se atreve a hacer una locura y va a vivir lo que ama. Es interesante esto, muy interesante.

Así que os pregunto a ustedes que sentís envidia de quienes tienen valor: ¿por qué sentir envidia, si tenéis el mismo poder que el otro? El poder de decidir está en vuestras manos, no en las del otro. Si te dejas manipular, si te dejas dominar, si te dejas llevar, entonces tenemos un gran problema, porque has olvidado quién eres, te has convertido en un títere, en una marioneta en manos de los demás. ¿Y por qué te has convertido en eso? Porque lo has permitido; nadie se convierte en eso porque quiera, sino porque lo permite. Así que levanta la cabeza, imponte, sé fuerte.

Muchos de ustedes se conforman con la situación, creen que son demasiado mayores para cambiar. Ah, yo os diría lo siguiente: tenéis etapas en la vida, etapas en las que construís algo en el trabajo, formáis una familia, tenéis hijos, una serie de preocupaciones, hasta que llega un momento en el que, por méritos propios, dejáis de trabajar, los hijos ya están criados y ya no tenéis tantas actividades. ¿No será esta la mejor etapa de la vida? ¿Poder dedicaros a lo que queráis?

Pero no, la mayoría se sienta en una silla, enciende la televisión y se pasa todo el día hipnotizada con lo que se dice allí. El cuerpo se debilita, pierde fuerza, la mente se atrofia, las enfermedades se multiplican, pero la culpa es del otro, que no te apoyó, que no paraba de hablar de su vida, que pensaba que tú no debías hacer nada. ¿La culpa es del otro o es tuya, que no tienes valor para levantarte y hacer algo?

Así que, hermanos míos, dejemos ya esa historia de «me he hecho mayor, todo se ha acabado”. ¿Por qué se ha acabado? No se ha acabado nada.

Ahora es importante que os deis cuenta de lo que estáis creando hoy.

Los que aún no sois mayores, ¿qué estáis preparando para el futuro? ¿Cómo miráis hoy a vuestros cuerpos? ¿Los estáis cuidando? ¿Viven con equilibrio, comen con equilibrio, duermen con equilibrio? Porque si están haciendo todo esto con equilibrio, están creando un cuerpo sano para la vejez, pero si hoy no hacen nada de eso, bueno, entonces también estarán creando problemas para la vejez.

Entonces, ¿por qué estoy diciendo todo esto?

Porque es importante, en este momento, hoy, aquí, ahora, que te detengas, te detengas y hagas un pequeño análisis. ¿Cómo va tu vida hoy? ¿Te sientes realizado, feliz o no? ¿Y por qué no? ¿Y por qué no intentarlo? ¿Por culpa del otro? Yo diría que cualquier decisión que tomes, siempre que no haga daño a nadie, es asunto tuyo, no del otro. ¿Y por qué esa salvedad de no hacer daño a nadie? Porque, muchas veces, tomáis decisiones en función del otro, para provocar al otro, para herir al otro, y eso no vale; así estáis acumulando más karma, más problemas, en el futuro. Entonces, ¿por qué esa actitud?

Volviendo al tema, ¿qué estás haciendo hoy por tu cuerpo? ¿Comes de forma equilibrada, te mueves? No, no me refiero a hacer ejercicio, porque eso ya es demasiado para muchos. Sí, hay muchos aquí que piensan que nunca, en absoluto, pero ¿al menos caminan? Ah, sí, caminas del salón al dormitorio, del dormitorio a la cocina, ah, sí, caminas bastante.

Si el cuerpo no se mueve, ¿qué pasa con las energías? Se van acumulando, acumulando, porque todas las energías negativas se van depositando. ¿Qué significa esto? Que se van depositando. Si te mueves, esa energía también se mueve, así que circula por tu cuerpo, no se detiene, porque al menos estás caminando, pero si no haces nada, entonces la energía se va depositando, es como una bolita encima de otra, y te vas volviendo cada vez más rígido, porque nada se mueve, solo hay energía estancada.

Así pues, hermanos míos, quejarse de la edad, quejarse del dolor es fácil, y yo lo escucho las 24 horas del día —que es su tiempo—, ¡cómo lo escucho!

Entonces me piden: “Mi Arcángel, ayúdame”. Yo te ayudo si tú te ayudas a ti mismo. No se trata de sentarte en la silla o tumbarte en la hamaca, pedir un zumo y llamarme: “Ayúdame”. No, no te ayudaré. Ahora bien, si te levantas de la hamaca y dices: “Voy a empezar a moverme, mi Arcángel, ayúdame». Ah, estoy contigo, caminaré a tu lado, estaré a tu lado, dándote fuerzas para que muevas lo que está parado.

Así que, hermanos míos, en primer lugar, dejemos de quejarnos. Ese es otro problema: cuanto más mayores sois, más os quejáis. ¿Por qué? ¿Acaso la vejez es sinónimo de queja? Nunca he visto nada igual: solo os quejáis, no sois capaces de ver nada bueno en nada; el mundo es una porquería todo el tiempo.

Sí, hermanos míos, así se complica, se complica mucho. Bueno, retomando el tema.

¿Qué has hecho hoy por tu cuerpo? Otra pregunta: ¿Cómo ha sido tu alimentación? “Ah, solo como porquerías”. “Ah, como comida sana”. Genial, al menos estás intentando mantener el cuerpo en equilibrio. Ahora bien, quien solo come tonterías, el cuerpo también lo nota.

Así que, hermanos míos, regla número uno: quejarse no soluciona nada, solo atrae más de lo mismo.

Dejarse llevar por el desánimo es vivir menos, es cambiar esa fecha que el alma había elegido, porque el cuerpo acabará sufriendo las consecuencias. Así que, movedos, alimentáos correctamente, evitad los azúcares.

Hermanos míos, si supierais el daño que todos esos productos que contienen azúcar le hacen a vuestro cuerpo, no tendríais ni idea, y es lo que más os gusta, a la gran mayoría.

Hay que entender, hermanos míos, que con esto no estoy diciendo que no comáis más, nunca más; no es eso lo que estoy diciendo. Lo importante es siempre el equilibrio. ¿Habéis comido algo dulce hoy? Muy bien, quedaos solo con eso; mañana no comáis, pasado mañana tampoco; daos un respiro para volver a comerlo de nuevo. No creéis hábitos, porque este es un hábito poco saludable; luego os quejáis de que tomáis un montón de medicinas; claro, el cuerpo no lo aguanta.

Entonces, ¿qué tal si vivimos el presente? Yo estoy con ustedes, no es que yo no coma, pero estaré con ustedes, ayudándoos, dándoos fuerzas.

Acepto el desafío, quien quiera mi ayuda, estaré a su lado, pero tiene que demostrar que está intentando cambiar. A quien lo intenta, le ayudo; a quien finge, ni siquiera me dejo ver.

Pues bien, hagamos algo por ustedes mismos; vamos, al menos, a caminar para activar las energías que hay ahí dentro, para que circulen por todo el cuerpo. ¿Saben cómo es? Les pondré un ejemplo: coged un vaso, id hasta la orilla del mar, llenadlo con agua de mar y dejadlo en algún sitio. Al cabo de un rato, toda la arena se habrá depositado en el fondo del vaso. Así sois ustedes. Cada energía que llega y no circula, se deposita. Eso es lo que quiero que entendáis: si os movéis, la energía también se moverá con el cuerpo y no se depositará.

Pues bien, fíjense en toda la energía que reciben a diario del Sol Central. A quienes se mueven, la energía recorre todo el cuerpo. En cambio, a quienes no se mueven, la energía entra y se deposita, se va hasta lo más profundo.

Sus mayores problemas están en las piernas, ¿se han dado cuenta de que la mayoría tiene problemas en las piernas? Energías estancadas que provocan enfermedades.

Así que, hermanos míos, muévanse, no se crean esa tontería de que, por tener un poco más de edad, ya no pueden hacer nada. Eso es mentira. ¿Y por qué es mentira? Para que creáis que sois unos seres inútiles y enfermos, y así consumáis más medicamentos. Si os convertís en seres activos y sanos, no consumiréis tantos medicamentos; esto no les interesa a ellos, quieren que os pongáis cada vez más enfermos y toméis cada vez más medicamentos. Esa es la verdad, no hay otra.

Pues bien, vamos a romper las normas, vamos a romper los paradigmas, vamos a romper esos conceptos ridículos que tenéis, de que me estoy haciendo mayor, de que me estoy volviendo inútil. Uno se vuelve inútil por voluntad propia, entendedlo. Os acomodáis, os dejáis dominar y manipular.

Así que, levantaos, sacudíos y salid a andar, salid a caminar, haced algo. Tener edad no significa detenerse; podéis dejar vuestro trabajo, vuestra profesión, pero id a hacer otra cosa, encontrad algo que hacer, con lo que producir, para no quedaros quietos.

Ya se ha dicho aquí y lo voy a repetir: vais a pasar a la Quinta Dimensión con el cuerpo que lleváis ahora. Si es un cuerpo sano, enhorabuena, será fácil. Ahora bien, si no lo es, lo pasaréis muy mal, entendedlo.

Es necesario que vuestros cuerpos sean casi perfectos, porque en la Quinta Dimensión no hay enfermedades. Por lo tanto, no podéis llevaros las enfermedades de aquí para allá, ¿lo entendéis? ¿Entendéis que tenéis que eliminar esas enfermedades?

¿Y cómo se consigue eso? Haciendo ejercicio, llevando una alimentación saludable, durmiendo bien por la noche, reduciendo la influencia de la tecnología y pasando más tiempo en la naturaleza. Te aseguro que todo cambia.

Ay, ya hay un montón de gente quejándose aquí, en mi oído: “Ah, para ti es fácil decirlo, para ti todo esto es muy sencillo”.

Hermanos míos, es cierto que no esté encarnado, pero veo, y es precisamente porque veo por lo que estoy diciendo todo lo que estoy diciendo.

A los que sois mayores, haced algo por ustedes mismos, encontrad alegría en la vida; y a los más jóvenes, procurad que vuestro cuerpo, cuando lleguéis allí, esté sano.

Mirad dentro de ustedes mismos, no hace falta que otro os analice, sois ustedes quienes tenéis que hacer ese análisis. ¿En qué tengo que mejorar? ¿Qué tengo que hacer para convertirme en un ser feliz y activo? ¿Qué necesito? Y os garantizo que encontraréis el camino.

Como he dicho, si queréis, pedidme ayuda; estaré a vuestro lado, dándoos ese empujoncito, pero hay que quererlo; si estáis tumbados en la hamaca, no os ayudo. Perseguid la felicidad, olvidad la opinión ajena; la opinión ajena es envidia de lo que sois, nada más. Quien os critica es porque no tiene valor para hacer lo que ustedes hacen, es un débil.

Así que sigue adelante, olvida todo lo que has dejado atrás: el dolor, el sufrimiento, la angustia… olvídalo todo. El resentimiento y el remordimiento no llevan a nadie a ninguna parte. Vive, sé feliz.

Y lo más importante de todo esto, para poner fin a esta charla tan diferente que hemos tenido hoy:

No dependas de los demás para ser feliz, eso solo genera expectativas y decepciones.

El gran secreto es: hazte feliz a ti mismo.

No esperes nada de los demás, no vivas pensando que los demás te harán feliz; tienes que hacerte feliz tú mismo, porque solo así, al aprender esto, la opinión ajena no te servirá de nada y siempre mirarás únicamente hacia tu propio camino.

Pensad en ello, hermanos míos.

Concluyo este encuentro con esta pregunta: ¿Qué puedo hacer para ser más feliz en mi vida?

Encontrad la respuesta, pero sobre todo buscadla; luchad por ser felices. ¿Solitarios, quizá? ¿Y qué problema hay? No naciste pegado a nadie, ni morirás pegado a nadie. Así que, aunque estés solo, sé feliz, hazlo por ti mismo, olvídate de los demás; quien tiene que cuidar de ti eres tú mismo, nunca esperes eso de los demás.

Ámense, hermanos míos, y encuentren la felicidad.

Traducción: Rita Silvana Monteiro

Revisión: Regiani Maria Bugalho

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