¡Queridos hermanos de este planeta!
No me conocéis, ni como espíritu ni como cuerpo. Vivo en los bosques. Siempre intentáis asociar una energía a un cuerpo, a una forma, para poder verla o, tal vez, incluso sentirla. Pero os digo que hay muchas conciencias que no tienen forma ni cuerpo. Simplemente existen. Simplemente cuidan, forman parte del entorno.
Así pues, como he dicho, soy un ser del bosque. Mi esencia está en cada árbol, en cada pequeña planta, en cada hoja verde que hay allí dentro. Como un gran guardián. Iluminando las mentes de quienes se adentran en el bosque; para que lo respeten; para que no lo maltraten.
Estoy seguro de que a muchos les está surgiendo esta pregunta: “Entonces, ¿por qué permitís que destruyan los bosques?”. El ser humano tiene libre albedrío. Puede elegir: ser un ser conectado con todo y con todos, o ser un ser que solo existe como un caparazón; sin comprensión, con el único objetivo de obtener riqueza a cualquier precio.
Tocar un bosque, talar un bosque es invadir mi esencia. No, no se pierde, se transforma. Es como si cada parte mía que se destruye se transformara en otra energía. Una energía que intenta sanar ese punto del bosque. Pero el dolor es muy grande.
Arrancar a estos seres del suelo de Gaia… Ella sufre, ella lo siente. Así que transformo toda la energía que se ha roto en energía curativa para ayudar a la Madre Gaia. La Madre Gaia llora, sufre. Porque cada árbol arrancado no estaba allí por simple adorno; estaba conectado a toda una red de Luz que hay que reconstruir, ya que ya no habrá ese elemento para la conexión.
Es como si crearan huecos en esta gran red de Luz. Pero no penséis que somos débiles o que nos estamos rindiendo. Os digo que con cada árbol arrancado nos hacemos más fuertes, más poderosos. Precisamente para poder mantener todo funcionando de la misma manera.
Sí, las redes han quedado muy dañadas, pues ya no hay forma de establecer las conexiones. Sin embargo, allí donde hay una red de Luz, estas se han vuelto más fuertes, más intensas; y están sosteniendo a todo el planeta, ayudando a Gaia en este largo proceso de ascensión.
Así pues, hermanos míos, cuando os adentráis en un bosque, o incluso en un pequeño jardín con flores, cada flor arrancada es un dolor para Gaia. Sí, ya estaréis pensando… “Cuánto dolor siente”, pues cada día se arrancan miles. Todo está muy bien planeado, todo está muy bien alimentado.
Pero la conciencia se está apoderando de muchos en el planeta, que ya no se permiten arrancar una flor. “Ah, pero a menudo necesitamos una flor”. Córtala. No la arranques. Porque sobrevivirá y allí nacerá una nueva flor. Y no has interrumpido la red de Luz que estaba bajo el suelo. No has dañado al planeta. Todo tiene solución.
Necesitáis comer. Todavía os alimentáis. Así que cada alimento que sale del suelo de Gaia, ella no sufre. Porque sabe que es necesario para alimentar a sus hijos. ¿Qué madre no haría cualquier cosa para alimentar a un hijo? Pero hay excesos. Los hay en todo lo que se planta y se arranca, no para alimentaros. Y ahí se produce otro proceso de dolor.
Así pues, hermanos míos, no os digo todo esto para que os entristezcáis. Os estoy haciendo tomar conciencia. De todo lo que se practica en vuestro mundo y de cómo, desde este lado, el lado invisible, el lado sutil, todo eso se vive, todo eso se aborda.
No paramos ni un minuto. Yo, como guardián del bosque, no paro, pues en todo momento necesito curar a mi madre. Pero ella sobrevive. Y cada vez más, se volverá más bella y más fuerte. Y cuando ascendáis, veréis la fuerza de esta Tierra, la fuerza de esta Madre, y conoceréis un planeta más hermoso que aquel en el que vivís hoy.
Esta será la recompensa que ella os dará por toda la conciencia que habéis tenido y que os ha ayudado a todos a llegar a la Quinta Dimensión.
Traducción: Rita Silvana Monteiro
Revisión: Regiani Maria Bugalho


