¡Queridos hermanos del planeta Tierra! ¡SOY KWAN YIN!
Vengo una vez más, con mis grupos de dragones y montada en mi dragón blanco. En este momento, envuelvo todo este planeta en una gran burbuja de Luz Violeta, transmutando todo el miedo, toda la angustia que se está alimentando en los corazones de muchos.
Es curioso cómo se comenta y se habla de la transición del planeta, pero muchos se empeñan en creer que todo esto es una ilusión. Las propias religiones saben que este momento está ocurriendo; lo alimentan. Sin embargo, la verdad no sale a la superficie.
Inspiran esperanza; esperanza de salvación, esperanza de rescate, impidiendo así que cada uno mire en su interior y realice sus propios cambios; cambios que son necesarios para la evolución. Es mucho más fácil engañar, prometer, envolver a la gente en historias fantásticas, que tener la firmeza necesaria para llevar a sus fieles a mirarse a sí mismos.
Porque quien guía no sabe lo que dice; o mejor dicho, no sabe qué decir para provocar el cambio en sus fieles. Así que se limita a la ilusión, se limita a la mentira, se limita a la superficialidad, porque él mismo no ha logrado abrir su corazón y comprender todo el proceso.
Hermanos míos, yo diría lo siguiente: no hay mucho que comprender. Solo hay que vivir según los preceptos del Amor y la Luz. No hay un camino escrito ni definido. Cada uno seguirá su propio camino. Y la gran verdad en todo este proceso es la búsqueda de la Energía Crística en el interior de uno mismo. Esa energía traída a este planeta por Cristo, y que hoy se encuentra en muchos corazones. Pero hay que dejar que esta energía crezca. Hay que dejar que esta energía se expanda. Pero para que esto suceda, es necesario eliminar hábitos, costumbres y creencias.
Es muy interesante cómo os quejáis del mundo en el que vivís hoy en día. Pero, ¿qué haces tú, concretamente tú qué te quejas, para cambiar este mundo? Siempre oímos la misma respuesta: «Solo soy uno. No tengo fuerzas para cambiar el mundo». Y yo te digo: estás equivocado. Eres solo uno, ¡es cierto! Pero estás conectado con todos los demás. Así que lo que hagas repercute en quienes te rodean, quienes, al percibir esa energía, también reaccionarán, y esto creará un efecto en cadena.
Así que date cuenta de que no eres débil; eres poderoso y sí que puedes cambiar el mundo. ¿Y qué hay que hacer para cambiarlo? Mirarte a ti mismo. Dejar de buscar defectos en los demás. Lo que llamáis «defectos» son normas impuestas para que os desviéis del camino de la Luz. Así que el objetivo ahora es volver al camino correcto.
Así pues, hay que analizar cada actitud, cada pensamiento, cada palabra pronunciada. Empezando por uno mismo. ¿Qué has hecho por ti? ¿Qué has hecho por amor a ti mismo? Miras a los demás, cuidas de los demás y te olvidas de ti mismo.
Por eso, muchos nos piden: «Mostradnos una forma de seguir el camino». No es una receta de pastel. Porque cada uno tiene su propio camino. Cada uno tiene sus vicios, sus manías, sus creencias. Por eso es necesario que cada uno mire dentro de sí mismo y busque el camino que le lleve a la Luz, y viva al 100 % en el Amor. Este es el camino. ¿Quieres una receta? ¿Quieres una fórmula? Esta es la fórmula.
Así pues, domina tu mente, para que vivas según estos preceptos; para que te transformes; transforma tus hábitos, tus pensamientos, tus palabras. Y vive en la Luz y en el Amor. Este es el camino. Depende de ti encontrar la manera de recorrerlo, de seguirlo. No podemos decirte: ¡Ve por aquí! ¡Ve por allá!
La única esencia que puede indicar el camino exacto a seguir es tu Presencia Divina. ¿La conoces? ¿Sabes conectar con ella? Muchos me dirán en este momento que no. Y esto ya se ha enseñado tantas veces, ya se ha dicho tantas veces, ya se ha presentado tantas veces. Pero yo digo por qué no lo conseguís: porque no tenéis el valor de miraros al espejo y conocer vuestros propios límites; conocer vuestras propias imperfecciones.
Y no me refiero aquí a imperfecciones físicas. Me refiero al ser humano que eres. A lo que llamas «defectos»; así que ten valor, porque tu Presencia Divina te mostrará cada uno de ellos; el camino que deberás seguir para eliminar cada uno. Y entonces los conocerás, uno a uno. Pero no quieres, ¿verdad? Da trabajo. Entonces, ¿para qué?
Así que, para terminar, solo te diré lo siguiente: no te quejes del mundo en el que vives. Eres partícipe de todo lo que hay ahí fuera. Y lo más importante: tienes la clave del cambio en tus manos. ¿Por qué no cambias? Y yo misma respondo: porque hace falta valentía. Mucha valentía para enfrentarse de verdad al ser humano que eres.
Traducción: Ana Maria Souza
Revisión: Regiani M. Bugalho

