¡Queridos! ¡YO SOY EL ARCÁNGEL MIGUEL!
Solo voy a complementar lo que ella ha dicho, rápidamente.
Así es, os han metido en la cabeza que os estáis haciendo mayores, que tenéis que parar, que ya no podéis hacer ciertas cosas, y empezáis a creerlo. Y el cuerpo sigue el mismo camino, se va debilitando, igual que la mente.
Pues eso no puede ser así; tenéis que creer que el cuerpo sigue adelante, claro que con algunas limitaciones, sí, pero tenéis que luchar contra eso, tenéis que fortalecernos, tenéis que caminar, tenéis que hacer ejercicio, para que la energía circule por el cuerpo.
Yo lucho de verdad, lucho mucho con ella para que camine, haga movimiento, y entonces, cuando va a hacer los ejercicios, me parece estupendo, porque veo cómo la energía corre por su cuerpo, no se queda parada, no se acumula, y ese es el problema.
Os quedáis quietos, la energía se acumula, y entonces empiezan los dolores aquí, allá y en todas partes. ¿Por qué? Porque no os movéis, tendréis que volverse perezosos. ¡No! Hay que caminar. ¿No queréis hacer ejercicio? Caminad, moveros, pero no se trata de dar un paseo de aquí para allá, sino de dar un buen paseo; eso es importante, cada vez más.
Bueno, hoy estamos en el Portal 10/10.
Este Portal trae una energía de renovación, una energía de liberación.
Así que, claro, no voy a adelantar cómo será, pero será una meditación muy ligera, muy tranquila, y podréis repetirla, sí, tantas veces como queráis.
Sí, esta será un poco diferente, porque siempre he dicho que las meditaciones de los portales no deben repetirse, pero esta sí que se puede. Así que no hay problema en pedir un desplazamiento en el tiempo: quien no haya podido hacerla hoy, podrá hacerla mañana, después y tantas veces como quiera, porque será una meditación ligera. Así que podréis repetirla siempre que queráis.
Y aquí os recuerdo:
Estáis realizando una serie de procesos. «¿Puedo hacer esta otra?» Preguntádselo a vuestra Presencia Divina; ella os dirá si podéis o si no es el momento de repetirla. Quienes estáis aquí ahora, todo va bien, no hay ningún problema con cualquier otro procedimiento que estéis realizando, pero para repetirla, preguntádselo a la Presencia Divina.
No queráis ir con tanta prisa al cuenco, porque podéis atragantarnos y beber el agua demasiado rápido. Así que sed amables con vuestros propios cuerpos, tened paciencia, mantened la calma, todo a su debido tiempo; no es haciendo una meditación tras otra, como la ascensión llegará más rápido.
Se necesita conciencia, hermanos míos, se necesita comprensión. Por eso, aprended a hacerlo con la dosis adecuada, consultando siempre a la Presencia Divina.
Así pues, me gustaría que cada uno de los que estáis aquí presentes ahora mismo dejara a un lado los dispositivos; ya no tiene sentido tenerlos en la mano en este momento. Dejadlos a un lado, sentaos cómodamente y haced cinco respiraciones profundas.
La respiración aporta la calma necesaria para el proceso. Lleva la Luz al interior de ustedes y, al exhalar, la Luz expulsa todo aquello que no sea bueno en este momento. Por eso, practicad siempre esta respiración, varias veces.
Ahora, en este momento, te pido que cierres los ojos y te entregues a mi guía, a la voz que estás escuchando, a las palabras que se dirán.
Así pues, en este momento, te pido que repitas conmigo:
«Soy un ser de Luz.
Estoy preparado para este momento.
Soy Luz para mi camino.
Y me entrego a la Luz, en este momento».
Ahora, os llevo a cada uno de ustedes a ese campo enorme, muy iluminado.
Hoy estaremos bajo la luz de la luna. Así pues, el campo está iluminado, sí. Una gran luna está sobre ustedes, mucho más cerca de lo que soléis verla. Por eso, la luz es intensa e ilumina todo el campo.
Estáis alineados, unos al lado de otros, otros detrás de otros, da igual. Todos estáis de pie en este inmenso campo iluminado por la luz de la luna.
Así que, en este momento, os pido a todos que, si habéis venido al campo con zapatos, os los quitéis y pongáis los pies en la tierra, allí en el campo. Si quieres quitarte los zapatos donde estás, también puedes hacerlo, siéntete a gusto.
Ahora, de los pies brotan raíces que van penetrando en el suelo, penetrando, penetrando, penetrando, y llegan hasta el centro del planeta, al corazón de Gaia, ese corazón brillante, inmenso, y Gaia percibe la energía de cada uno y la devuelve por el mismo camino, su propia energía, con mucho Amor, con mucha Luz, y esta energía llega a vuestros pies, entra por vuestras piernas, llena vuestro torso, vuestros brazos, vuestro cuello y vuestra cabeza, y forma una gran bola de Luz en vuestro corazón, en vuestro Corazón Espiritual.
Entonces, estoy viendo, en este momento, un montón de puntitos redondos en vuestro pecho.
¡Eso es maravilloso! Sentid la energía de Gaia recorriendo vuestros cuerpos.
Es una energía dulce, tranquila, pero intensa, muy intensa. Sentid la energía, sentid a Gaia recorriendo todo el cuerpo y alimentando este punto en el centro de vuestro pecho, en vuestro Corazón Espiritual.
Ahora, en este momento, delante de ustedes, estoy Yo.
Estoy en forma humana, con mi armadura y mi espada de Luz Azul. No, no soy gigante, solo soy un poco más alto que la mayoría de los que están en este campo. Mi espada está clavada en el suelo y la Luz Azul que contiene se extiende por todo este campo.
Sentid cómo la energía de mi espada se mezcla con la energía de Gaia y asciende por vuestros cuerpos.
Ahora, ese punto luminoso en el centro del pecho se vuelve azul, del color de mi Rayo Azul.
Ahora invito a Lanto, y él está aquí a mi lado. No, no abráis los ojos para intentar vernos, concentrados en lo que se está diciendo.
Lanto va muy bien vestido, con una preciosa túnica amarilla y un cuenco enorme en las manos.
«Hermanos míos, este cuenco contiene mi energía, la energía de mi Rayo Amarillo Dorado, y está lleno de esta energía; yo derramo esta energía sobre el suelo, en este campo donde os encontráis, y se extiende por todo el campo, penetrando en vuestros cuerpos y sumándose a la energía de Gaia y a la de Miguel. Ahora, el círculo en vuestros corazones es dorado, de un amarillo dorado brillante y precioso, y, en este momento, invito a Rowena a formar parte de este grupo».
«Hermanos míos, es con gran alegría que estoy aquí hoy, y traigo una rosa de color rosa, y voy a depositar esta rosa en las manos de cada uno. Abrid vuestras manos. Ahora, coged la rosa y tocad vuestro Corazón Espiritual». Ahora veo todos los corazones. Ese círculo que antes era dorado, ahora es rosa. Así que ahora tenéis la energía de Gaia, de Miguel, de Lanto y la mía. Sentid la energía del Amor vibrando en vuestros corazones. Y ahora, invito a Seraphis Bey a que se una a nosotros».
«Hermanos míos, traigo mi bastón, un bastón poderoso, y lo golpeó contra el suelo tres veces, y la energía que contiene se extiende por este campo y asciende a través de vuestros cuerpos, concentrándose en el Corazón Espiritual, sumándose a la energía de Gaia, de Miguel, de Lanto y de Rowena. Sentid mi energía vibrando en vuestros corazones. Ahora, invito a Hilarión a que se una a nosotros».
«Hermanos míos, en este momento, envuelvo todo este campo en una gran burbuja de Luz Verde, que penetra en este suelo y asciende por vuestros cuerpos, concentrándose en el Corazón Espiritual, y esta energía de mi rayo verde se suma a la energía de Gaia, de Miguel, de Lanto, de Rowena y de Seraphis Bey. Todos brilláis con un punto verde en el pecho. Y, en este momento, invito a Nada a que se una a nosotros».
«Hermanos míos, me arrodillo, pongo mis manos sobre este suelo, y de ellas brota la energía de mi rayo rojo, que se extiende por todo este campo, asciende por vuestros cuerpos y se concentra en vuestros corazones. Se une a la energía de Gaia, de Miguel, de Lanto, de Rowena, de Seraphis Bey y de Hilarion, y forma un hermoso halo de luz roja en vuestros corazones. Ahora, invito a Saint Germain a que se una a nosotros».
«Hermanos míos, me corresponde a mí cerrar este Rayo. Entonces, desde los pies de cada uno, se eleva una Llama Violeta que cubre todo su cuerpo, de los pies a la cabeza, liberando toda y cualquier energía de baja vibración que se encuentre en su campo en este momento. La Luz Violeta se concentra ahora en vuestro corazón y se une a la energía de Gaia, de Miguel, de Lanto, de Rowena, de Seraphis Bey, de Hilairon, de Nada, y los Siete Rayos se encuentran, en este momento, envueltos por una hermosa esfera brillante, formada por Gaia. Así pues, en vuestro corazón, en este momento, brilla una rosa, una rosa dorada, que se ha transformado a partir de todas esas energías. Sentid esa rosa dorada en vuestro pecho; es la representación de los Siete Rayos y de la energía de Gaia. Mantened esta rosa en vuestros corazones y, cada vez que os sintáis desequilibrados, recordad esta rosa, e inmediatamente volverá a ser esa esfera cristalina con los siete colores de los Rayos en su interior, y actuará en vuestro cuerpo y en vuestra alma.
En este momento, todos estamos rodeando este gran campo, aportando la energía del Amor, de la creación, del equilibrio, de la sanación, del valor y de la protección. Sentid el Amor que estamos emanando hacia ustedes».
En este momento, hermanos míos, todo este proceso ha elevado vuestra vibración y, entonces, muchos pueden preguntarse: «¿Dónde está el Portal?». Habéis atravesado el Portal sin siquiera daros cuenta, porque la vibración se ha elevado y lo habéis atravesado, pero lo habéis hecho elevados, resplandecientes y poderosos.
Ahora, cada uno de los Maestros se retira.
Recojo mi espada del suelo y devuelvo a cada uno a su posición original.
Recordad: el planeta está cambiando. Ustedes formáis parte del planeta.
No sufráis por nadie. Vivid cada momento agradeciendo todo lo que viváis, sea lo que sea.
Los cambios del planeta nos afectan. El cansancio, el sueño y el desánimo suelen ser consecuencia de ello. Vuestros cuerpos están recibiendo mucha energía. Por eso, respetad vuestros cuerpos. Bebe mucha agua y descansa siempre que sea necesario. Respetaos a ustedes mismos, no intentéis hacer más de lo que podéis. Escuchad a la Presencia Divina.
Así pues, en este momento, sigo viendo brillar el corazón de cada uno de ustedes, una hermosa rosa dorada en el interior de cada corazón, y permanecerá allí, en vuestro Templo Interno. Encontrad un rinconcito donde colocarla y, siempre que lo necesitéis, tomadla, y volverá a ser, como dijo Saint Germain, la esfera cristalina con los siete colores en su interior.
Estad preparados, hermanos míos, estad preparados.
En este momento, os llevo a cada uno de ustedes de vuelta a vuestros hogares.
Al terminar aquí, tomad un respiro; como os he dicho, la meditación ha sido ligera y tranquila, pero habéis recibido mucha energía. Así que, al terminar, descansad un poco; no os precipitéis a recibir energías que no sean positivas; permitid que todo lo que habéis recibido hoy se asimile en vuestro interior.
Se agradecen por todo este proceso.
Y recuerda: respeta tu cuerpo. Puedo decir lo siguiente: tu mente controla tu cuerpo y tu cuerpo controla tu mente. Son uno, incluyéndose mutuamente; no es una guerra, pero tenéis que encontrar el equilibrio, para que ninguno domine más que el otro. De eso se trata: encontrar el equilibrio en todo, en la vida, al hablar, al pensar, al actuar, al comer; todo en equilibrio. Nada está prohibido, pero todo debe tener equilibrio.
Así pues, encontrar este equilibrio entre la mente y el cuerpo, y os sorprenderéis de los resultados.
Respirar profundamente y dejadnos envolver por esta energía que habéis recibido hoy. Es maravillosa, ligera, pero poderosa, suave, pero intensa. Parece contradictorio, pero no lo es; basta con que sepáis cómo dirigir vuestras vidas.
Dirígid bien vuestros cuerpos y vuestras mentes, y veréis la diferencia.
Que mi bendición os acompañe a todos.
Traducción: Bernadete Maria Marafon
Revisión: Regiani Maria Bugalho


