¡Queridos hijos e hijas del planeta Tierra! ¡YO SOY SANANDA!
Mi corazón siempre se llena de mucha Luz cada vez que puedo dirigirme a ustedes. Recuerdo claramente los tiempos en que me sentaba en lo alto de las montañas para meditar y, después, al encontrarme con algunos seguidores, les contaba un poco de lo que sabía.
Muchos se preguntan si mi estancia en la Tierra fue solo dolor. No. Aprendí mucho. Estudié mucho. Y precisamente por profundizar en tantas enseñanzas, pasé por mi iniciación en el desierto, donde encontré respuestas a todo aquello que no entendía o que aún interpretaba de forma errónea.
Allí encontré mi camino. Encontré a Dios Padre/Madre.
Muchos de ustedes aún no se consideran dignos de hablar con Dios Padre/Madre. Muchos responderán en este momento: Pero yo hablo con Él. Siempre lo he hecho». Pero, ¿dónde está Dios Padre/Madre durante vuestra conversación? ¿En algún punto del universo? ¿Allí arriba, en el cielo? ¿O a vuestro lado? ¿O mejor aún, dentro de ustedes? ¿Dónde estaba?
Es importante que comprendan que Dios Padre/Madre no es un ser inalcanzable, intocable, inaccesible. Muy al contrario, está en cada uno de ustedes, dentro del corazón. Forma parte de su alma, de su ser. Les da la vida, el soplo de vida que les mantiene vivos: su Chispa Divina.
Así pues, a aquellos que colocan a Dios Padre/Madre como un ser en algún lugar del universo, muy lejano, les diría que lo pongan en su corazón cuando vayan a hablar con Él.
Es necesario, hijos e hijas míos, que se vean a sí mismos como seres poderosos e iluminados, en un camino hacia la ascensión, hacia la evolución espiritual. Todos cometemos errores. Yo cometí muchos. Pero por eso no dejé de ser quien soy. Ni por eso dejé de lado mi misión. Ni por eso dejé de merecer el papel que se me asignó.
Durante mucho tiempo no supe cuál era mi misión. Pero, cuando supe cómo sería mi historia y qué provocaría en el mundo, me llené de Amor. Me preparé para todo lo que vendría. ¿Sufrí? Claro, era humano. Puedo decir que sufrí en carne propia todo lo que me hicieron. Pero eso no me desanimó y cumplí mi misión hasta el final.
Hoy, guío a este planeta hacia la ascensión. Esta ha sido mi gran misión: elevar a este planeta y a aquellos que estén preparados para la Quinta Dimensión.
Hoy, hijos e hijas, no se consideren seres pecadores, que no merecen nada, que necesitan sufrir para evolucionar. Olviden todo eso. Como dije: todos se equivocan. Yo me equivoqué. Por eso hay que reconocer cada error. Tomar la iniciativa y deshacerse de los motivos y razones que les llevaron a cometerlo. Perdonar y pedir perdón a quien sea necesario. Y afrontar su camino.
Yo diría que hoy en día tienen un cuerpo con muchas vestimentas. La vestimenta del juez. La vestimenta del fiscal que acusa. La vestimenta del irónico que se ríe de lo que no comprende. La vestimenta del malhechor que causa dolor a los demás. Tienen varias vestimentas. Pero a cada paso del camino, hacia la Luz, hacia la evolución, van dejando esas vestimentas por el camino.
Así que no se aferren a lo que ya ha sucedido. El error ya se ha cometido. No hay forma de borrarlo. Pero sí hay forma de eliminar la energía que se generó: aprendiendo la lección, perdonando y pidiendo perdón. Cada vez que esto ocurre, un ropaje se queda en el camino.
No, todavía no pueden verse a sí mismos como seres totalmente iluminados, viviendo el Amor Incondicional, viviendo como seres 100 % Luz. Pero con cada vestidura que dejan en el camino, la Luz penetra más. Y se vuelven más iluminados.
El camino aún es largo. Y a menudo será muy difícil. Se les pondrá a prueba hasta el límite, en todo aquello que hoy dicen que ya no hacen. ¿De verdad? ¿Estás seguro? Entonces llegarán las pruebas. Muchas. Y con cada una que superes, te volverás cada vez más poderoso, cada vez más iluminado. Hasta que llegue el momento de tu evolución. En este momento o más adelante. No importa. Lo que importa es lo que estás haciendo hoy, por ti mismo.
Así pues, hijos e hijas míos, no vuelvan a ponerse las ropas que ya han dejado atrás en el camino. Sigan adelante, no hacia atrás. Miren hacia delante, no hacia los errores del pasado. Y crean, hablen con Dios Padre/Madre. Pero no como un ser lejano e inaccesible. Él está ahí, dentro de su corazón; listo para escucharles.
Todos somos Unidad. Unidad con Dios Padre/Madre. Todos procedemos de Él. Por eso, Él escucha y responde a cada hijo, a cada hija. No importa dónde estén, no importa lo que hayan hecho. Él es el Padre de todos. Todos procedemos de Él. E incluso aquel ser menos iluminado, cuando le llama, es escuchado. Quién sabe, quizá esta sea la oportunidad que le faltaba a ese ser para iluminarse.
Así pues, hijos e hijas míos, miren siempre hacia adelante. Olviden los errores. Hay que ocuparse de ellos. No se trata de olvidarlos. Trátalos con amor y perdón. Solo así podrán ser olvidados, pero sobre todo aprendidos, para que no se repitan. Para que no vuelvan a vestirse con esas ropas.
Y estén siempre preparados, atentos, conscientes, presentes en el momento, pues cada momento venidero puede ser una prueba de su capacidad para no cometer de nuevo los mismos errores. Y ahí les pregunto: ¿ustedes pasarán las pruebas?
Traducción: Manoel Vargas
Revisión: Regiani Maria Bugalho

